Capítulo 13La ruptura del vínculoPor Tomas Marvolo
El
cuerpo sin vida de Ron se hundió en el suelo y salió de la vista de Harry,
Hermione, Teddy y Draco.
Hermione
dejó escapar un grito de dolor, y se derrumbó a llorar. Harry se puso rojo, y
el aire comenzó a faltarle; Teddy y Draco gritaron ofensas a Circe, y ella
movió su varita, dejándolos mudos.
—Ya
basta de charla…son patéticos. Ahora asistirán a la ruptura del vínculo.
¡Lindja, el puñal!
Lindja
hizo una reverencia y se retiró de la sala del trono. Regresó a los pocos
minutos con una caja forrada en terciopelo, de la que Circe extrajo un puñal
cristalino, que lanzaba reflejos de todos colores en varias direcciones.
—Este
puñal de diamantes debe cortar el vínculo entre mi varita y yo. Para ello, debo
haber , antes que todo, hecho un rito de varios días.
»Lo he
alimentado con la magia de ustedes, extraída por la luna y un poderoso hechizo
que circulaba por las cadenas que los ataban. Les leeré las instrucciones,
encontradas por el mismo Voldemort antes de embarcarse en el ataque de
Hogwarts:
La magia de almas unidas,
bebida por la madre luna
a la sangre de un
camarada
debes unir como nunca.
Mata a un amigo de prisa,
espera que tu alma se fugue…
Y cuando llegue el dolor
de tu esencia fragmentada
habrás de poner tu vara
donde tenga más altura.
Para obtener la ruptura
pronuncia luego el
hechizo
blande el puñal rojizo
Y corta el hilo fino.
»Lindja,
extiende tu brazo.
Lindja
extendió su brazo y Circe le hizo un profundo corte. La sangre comenzó a emanar
de su extremidad y ella bañó el puñal con el líquido. Luego, se llevó la mano
al vientre y dijo:
—La
sensación de alma fragmentada está entre las más dulces…
Entonces
la hechicera elevó su varita por encima de su cabeza, hasta donde más alta
estaba con su brazo estirado.
—Cuando
asesinas a alguien, las varitas te rechazan por un momento. ¿Es acaso tan
abominable quitarle la vida a otro ser? Ese es el momento de romper con ella
para siempre: siente que eres malvado, que no la mereces, que para eso no fue
creada. ¡Ése es el tiempo de acabar con la unión!
Circe
pronunció luego un hechizo, y Harry, aún con lágrimas en los ojos, vio cómo
salía una especie de cuerda luminosa de la varita y se enrollaba alrededor de
su mano, como si fuera una serpiente.
La de
piel marmórea levantó entonces el puñal manchado de sangre y cortó el fino hilo
que salía de la varita. Luego se derrumbó. Hubo una explosión de luz que la
lanzó a unos metros y la varita se le escapó en otra dirección. En ese
instante, el madero se consumió en una llamarada de un naranja muy intenso que
los cegó a todos por un momento. Como estaban más cerca de la explosión, los
guardias salieron disparados en direcciones opuestas y se golpearon contra una
pared, quedando inconscientes momentáneamente.
Las
enredaderas que aprisionaban a Harry y sus compañeros, así como las cadenas que
amarraban a Dakerov desaparecieron.
Hermione
se puso en pie rápidamente y corrió en dirección a Circe. Algo tiraba de ella y
no la dejaba avanzar: era Harry.
—¡Ahora
no Hermione! —le gritó.
—Ella
lo mató, ella lo mató —repetía Hermione.
—Debemos
buscar ayuda, tenemos que salir de aquí —gritó Draco.
—Supongo
que si los hechizos de Circe se revirtieron, podemos desaparecernos, ¿no? —dijo
Teddy.
—No
tenemos varita —argumentó Harry.
—Tú no
tendrás —dijo Teddy y retiró el hechizo desilusionador de las varitas dentro de
su ropa. Les dio a cada cual la correspondiente y, tomados de las manos
intentaron desaparecerse.
—¡Yo no
puedo! —gritó Hermione con un sollozo.
¡Ron se
había ido! El padre de sus hijos, su compañero de Hogwarts, su amor de la
guerra…El motivo de sus alegrías y tristezas durante la lucha contra Voldemort,
el amigo, el amante…Se lamentó de haber sido tan dura con la dieta, de gritarle
por cosas sin importancia y, recordó, que siempre él respondía con una sonrisa,
o le dejaba una tarjeta encima de la cama. ¿Y la vez que por Navidad trajo
elfos domésticos para que comieran en casa? ¡Ése sí había sido un gesto
romántico!
—¡Tenemos
que regresar a buscarlo! —dijo decidida.
Harry
entonces asintió y se propuso hacer la Aparición, Hermione estaba muy
desconcentrada.
Justo
cuando empezaron a sumirse en lo oscuro, Dakerov se agarró de la pierna de
Teddy, y apareció junto a ellos en el Bosque cerca de la frontera.
Rápidamente,
Teddy se puso en pie y apuntó con su varita a Dakerov.
—Espera
—dijo Hermione— ¿qué le sucede?
Dakerov
comenzó a dar arqueadas y un mechón de pelo rojo se asomó en su cabeza. Luego
una barriga enorme comenzó a crecer en medio de su abdomen atlético, y un par
de ojos conocidos asomaron en su mirada fría. La muchacha corrió a besarlo,
dejando a todos desconcertados.
Aún
confundido, Harry empezó a comprenderlo todo: Circe, según el hechizo,
debía matar a un camarada. Por tanto, si tenía que matar a Dakerov, ¿Por
qué no disfrazarlo de Ron para mostrar su poder? Habían cambiado de lugar, por
eso los gritos constantes del mago, por eso Ron no había luchado contra la
muerte: no era él.
Harry
sintió que le volvía el alma al cuerpo: su amigo desde el tren de Hogwarts, el
que lo había acompañado en cada aventura, el que se equivocó y regresó para
luchar a su lado, su cuñado, su hermano, había regresado. Y estaba
contento. Al fin un poco de esperanza en medio de una lucha sin sentido. Sin
decir una palabra todos siguieron su camino; pero hasta en Malfoy podía
adivinarse una expresión de alegría.
Cuando
llegaron a la frontera, ya Circe estaba allí.
—Llegaron
a tiempo para el intercambio —dijo complacida.
Harry
levantó la vista y, en los árboles divisó a Lindja, Gjul y Nikola apuntándole a
Kingsley.
El
Ministro traía una serie de personas encapuchadas, vestidas de manera
harapienta. Eran, sin dudas, prisioneros de Azkaban. Lo raro era que además de
Kingsley no había ningún Auror allí.
Harry,
Hermione, Ron, Draco y Teddy caminaron al lado donde estaba Kingsley, y los
Mortífagos, con las manos amarradas, junto a Circe.
Ella
hizo uin gesto y cada amarre cayó al suelo.
—Bienvenidos,
hermanos de Azkaban. Pueden quitarse las capuchas.
Cada
uno de los prisioneros levantó sus manos para dejar al descubierto el rostro.
Harry hizo el ademán de levantar su varita, pero Kingsley lo detuvo, con una
sonrisa.
Los
rostros que surgieron debajo de las capuchas no eran los que Circe esperaba:
Ginny, Luna, Neville, George y Angelina estaban ahí, como el viejo Ejército de
Dumbledore listos para atacar.
Circe
comenzó a mover sus manos y lanzar hechizos de un lado a otro, pero los recién
llegados solo movían sus varitas sin esfuerzo, esquivándolos.
Draco y
Ron se enfrentaron a Lindja y Gjul; Hermione a Nikola.
—Por
favor —dijo Harry— Es mi momento. Yo venceré a Circe.
Los del
ED se apartaron y Harry se paró delante de la hechicera.
—No
deben inmiscuirse, este es nuestro problema.
—Lo
haremos a tu manera, Harry —dijo Luna.
Sin
darle tiempo a pestañear, Circe se convirtió en una nube de humo que derribó a
Harry y clavó las uñas en su rostro, creando surcos sangrientos en sus
mejillas. Él la empujó lejos de sí y gritó:
—Expecto Patronum
Rápidamente
el gigantesco ciervo de Harry se colocó delante del él, evitando las
maldiciones que salían de Circe. Harry se puso en pie y con su varita tocó
suavemente al ciervo. El Patronus comenzó a disolverse y rodeó la varita,
tomando la forma de una espada plateada.
—¿Qué
haces? —preguntó asombrada Circe.
—Para
ser Auror, debes ser muy bueno contra la magia oscura…Para ser Jefe del
Departamento de Aurores debes ser el mejor.
»Esto,
Circe, es un hechizo que yo mismo he creado. Tal como hiciera el Príncipe
Mestizo yo tengo mis propias armas. ¡Expelliarmus!
De la
espada plateada salió un chorro de luz a tanta velocidad que Circe solo atinó a
poner sus manos como escudo. Salió disparada a varios metros y se golpeó contra
un árbol.
Adolorida,
levantó sus brazos y los movió como si estuviera danzando. De la tierra
salieron las raíces de los árboles y como brazos de pulpo cayeron sobre Harry,
que, poniendo la espada por delante, los convirtió en polvo.
—¿Qué
es este tipo de magia? —gritó Circe.
—Debes
ser un iniciado, Circe. Existe magia blanca que hace más cosas impresionantes
que la magia oscura…La mayoría de nosotros aquí, somos de la Orden del Dragón.
—¿La
Orden del Dragón?
—Sí, es
una sucesora de la Orden del Fénix. Hemos estudiado de la magia blanca,
partiendo de los textos antiguos. La Ruptura del Vínculo, Circe, es solo un
pequeño paso. No sabes nada del mundo…
Mientras
tanto, los del ED habían apresado a Lindja y Nikola, mientras Ron se batía con
Gjul. Los chorros de luz verde le rozaban el cabello al pelirrojo, y hábilmente
los esquivaba. De pronto, Gjul le lanzó un hechizo que hizo aparecer arañas por
todas partes y, para suerte de Ron, Draco acabó con ellas.
Finalmente,
tanto Malfoy como Ron se unieron y a la vez le lanzaron un potente hechizo
aturdidor.
Circe
intentaba a toda costa matar a Harry. Él, sin mucho esfuerzo esquivaba cada uno
de los hechizos macabros que le lanzaba la rubia. Harry entonces se
desapareció, apareció detrás de Circe y la atravesó con la espada de luz, de
lado a lado.
Circe
cayó de rodillas, con la mirada perdida. Movió sus manos y nada sucedió, luego
agarró a Harry por la pierna y le gritó:
—¡Qué
has hecho!
—Lo
siento Circe, pero no merecías la magia. Te he quitado tus poderes.
¡Llévensela!
Los del
ED la ataron, mientras ella, fuera de sí, daba gritos. La sed de poder la había
vuelto loca.
La
Asociación de Magia Albana hizo las paces con Inglaterra. Todos habían estado
bajo los efectos de Circe y su personalidad destructiva. Ella, por su parte
sería llevada a juicio por los crímenes cometidos.
El día
de la vista pública en el juzgado, Harry fungiría como testigo. Se había
preparado muy bien para denunciar los crímenes de la muchacha. Agradeció a Tina
Grindewald por su ayuda y escribió lechuzas a varios periódicos que le pidieron
entrevistas.
El
pasillo estaba lleno de gente del Ministerio en espera de que comenzara el
juicio. Ginny apareció, con una expresión de alegría desbordante.
—Harry
—dijo Kingsley asomándose desde dentro del juzgado— es el momento de que
entres.
- Harry asintió y, justo antes de entrar a sentenciar a Circe, Ginny le gritó:
—Es
Luna Lovegood…¡ está embarazada!
Harry
sonrió y entró al juicio, sabiendo que ése sería un buen día.
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