Harry Potter

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lunes, 16 de abril de 2012

Harry Potter y La ruptura del Vínculo capitulo final


Capítulo 13La ruptura del vínculoPor Tomas Marvolo


El cuerpo sin vida de Ron se hundió en el suelo y salió de la vista de Harry, Hermione, Teddy y Draco.
Hermione dejó escapar un grito de dolor, y se derrumbó a llorar. Harry se puso rojo, y el aire comenzó a faltarle; Teddy y Draco gritaron ofensas a Circe, y ella movió su varita, dejándolos mudos.
—Ya basta de charla…son patéticos. Ahora asistirán a la ruptura del vínculo. ¡Lindja, el puñal!
Lindja hizo una reverencia y se retiró de la sala del trono. Regresó a los pocos minutos con una caja forrada en terciopelo, de la que Circe extrajo un puñal cristalino, que lanzaba reflejos de todos colores en varias direcciones.
—Este puñal de diamantes debe cortar el vínculo entre mi varita y yo. Para ello, debo haber , antes que todo, hecho un rito de varios días.
»Lo he alimentado con la magia de ustedes, extraída por la luna y un poderoso hechizo que circulaba por las cadenas que los ataban. Les leeré las instrucciones, encontradas por el mismo Voldemort antes de embarcarse en el ataque de Hogwarts:

La magia de almas unidas,
bebida por la madre luna
a  la sangre de un camarada
debes unir como nunca.
Mata a un amigo de prisa,
espera que tu alma se fugue…
Y cuando llegue el dolor
de tu esencia fragmentada
habrás de poner tu vara
donde tenga más altura.
Para obtener la ruptura
pronuncia luego el  hechizo
blande el puñal rojizo
Y corta el hilo fino.
»Lindja, extiende tu brazo.
Lindja extendió su brazo y Circe le hizo un profundo corte. La sangre comenzó a emanar de su extremidad y ella bañó el puñal con el líquido. Luego, se llevó la mano al vientre y dijo:
—La sensación de alma fragmentada está entre las más dulces…
Entonces la hechicera elevó su varita por encima de su cabeza, hasta donde más alta estaba con su brazo estirado.
—Cuando asesinas a alguien, las varitas te rechazan por un momento. ¿Es acaso tan abominable quitarle la vida a otro ser? Ese es el momento de romper con ella para siempre: siente que eres malvado, que no la mereces, que para eso no fue creada. ¡Ése es el tiempo de acabar con la unión!
Circe pronunció luego un hechizo, y Harry, aún con lágrimas en los ojos, vio cómo salía una especie de cuerda luminosa de la varita y se enrollaba alrededor de su mano, como si fuera una serpiente.
La de piel marmórea levantó entonces el puñal manchado de sangre y cortó el fino hilo que salía de la varita. Luego se derrumbó. Hubo una explosión de luz que la lanzó a unos metros y la varita se le escapó en otra dirección. En ese instante, el madero se consumió en una llamarada de un naranja muy intenso que los cegó a todos por un momento. Como estaban más cerca de la explosión, los guardias salieron disparados en direcciones opuestas y se golpearon contra una pared, quedando inconscientes momentáneamente.
Las enredaderas que aprisionaban a Harry y sus compañeros, así como las cadenas que amarraban a Dakerov desaparecieron.
Hermione se puso en pie rápidamente y corrió en dirección a Circe. Algo tiraba de ella y no la dejaba avanzar: era Harry.
—¡Ahora no Hermione! —le gritó.
—Ella lo mató, ella lo mató —repetía Hermione.
—Debemos buscar ayuda, tenemos que salir de aquí —gritó Draco.
—Supongo que si los hechizos de Circe se revirtieron, podemos desaparecernos, ¿no? —dijo Teddy.
—No tenemos varita  —argumentó Harry.
—Tú no tendrás —dijo Teddy y retiró el hechizo desilusionador de las varitas dentro de su ropa. Les dio a cada cual la correspondiente y, tomados de las manos intentaron desaparecerse.
—¡Yo no puedo! —gritó Hermione con un sollozo.
¡Ron se había ido! El padre de sus hijos, su compañero de Hogwarts, su amor de la guerra…El motivo de sus alegrías y tristezas durante la lucha contra Voldemort, el amigo, el amante…Se lamentó de haber sido tan dura con la dieta, de gritarle por cosas sin importancia y, recordó, que siempre él respondía con una sonrisa, o le dejaba una tarjeta encima de la cama. ¿Y la vez que por Navidad trajo elfos domésticos para que comieran en casa? ¡Ése sí había sido un gesto romántico!
—¡Tenemos que regresar a buscarlo! —dijo decidida.
Harry entonces asintió y se propuso hacer la Aparición, Hermione estaba muy desconcentrada.
Justo cuando empezaron a sumirse en lo oscuro, Dakerov se agarró de la pierna de Teddy, y apareció junto a ellos en el Bosque cerca de la frontera.
Rápidamente, Teddy se puso en pie y apuntó con su varita a Dakerov.
—Espera —dijo Hermione— ¿qué le sucede?
Dakerov comenzó a dar arqueadas y un mechón de pelo rojo se asomó en su cabeza. Luego una barriga enorme comenzó a crecer en medio de su abdomen atlético, y un par de ojos conocidos asomaron en su mirada fría. La muchacha corrió a besarlo, dejando a todos desconcertados.
Aún confundido, Harry empezó a comprenderlo todo: Circe, según el hechizo,  debía matar a un camarada. Por tanto, si tenía que matar a Dakerov, ¿Por qué no disfrazarlo de Ron para mostrar su poder? Habían cambiado de lugar, por eso los gritos constantes del mago, por eso Ron no había luchado contra la muerte: no era él.
Harry sintió que le volvía el alma al cuerpo: su amigo desde el tren de Hogwarts, el que lo había acompañado en cada aventura, el que se equivocó y regresó para luchar a su lado, su cuñado, su hermano,  había regresado. Y estaba contento. Al fin un poco de esperanza en medio de una lucha sin sentido. Sin decir una palabra todos siguieron su camino; pero hasta en Malfoy podía adivinarse una expresión de alegría.
Cuando llegaron a la frontera, ya Circe estaba allí.
—Llegaron a tiempo para el intercambio —dijo complacida.
Harry levantó la vista y, en los árboles divisó a Lindja, Gjul y Nikola apuntándole a Kingsley.
El Ministro traía una serie de personas encapuchadas, vestidas de manera harapienta. Eran, sin dudas, prisioneros de Azkaban. Lo raro era que además de Kingsley no había ningún Auror allí.
Harry, Hermione, Ron, Draco y Teddy caminaron al lado donde estaba Kingsley, y los Mortífagos, con las manos amarradas, junto a Circe.
Ella hizo uin gesto y cada amarre cayó al suelo.
—Bienvenidos, hermanos de Azkaban. Pueden quitarse las capuchas.
Cada uno de los prisioneros levantó sus manos para dejar al descubierto el rostro. Harry hizo el ademán de levantar su varita, pero Kingsley lo detuvo, con una sonrisa.
Los rostros que surgieron debajo de las capuchas no eran los que Circe esperaba: Ginny, Luna, Neville, George y Angelina estaban ahí, como el viejo Ejército de Dumbledore listos para atacar.
Circe comenzó a mover sus manos y lanzar hechizos de un lado a otro, pero los recién llegados solo movían sus varitas sin esfuerzo, esquivándolos.
Draco y Ron se enfrentaron a Lindja y Gjul; Hermione a Nikola.
—Por favor —dijo Harry— Es mi momento. Yo venceré a Circe.
Los del ED se apartaron y Harry se paró delante de la hechicera.
—No deben inmiscuirse, este es nuestro problema.
—Lo haremos a tu manera, Harry —dijo Luna.
Sin darle tiempo a pestañear, Circe se convirtió en una nube de humo que derribó a Harry y clavó las uñas en su rostro, creando surcos sangrientos en sus mejillas. Él la empujó lejos de sí y gritó:
Expecto Patronum
Rápidamente el gigantesco ciervo de Harry se colocó delante del él, evitando las maldiciones que salían de Circe. Harry se puso en pie y con su varita tocó suavemente al ciervo. El Patronus comenzó a disolverse y rodeó la varita, tomando la forma de una espada plateada.
—¿Qué haces? —preguntó asombrada Circe.
—Para ser Auror, debes ser muy bueno contra la magia oscura…Para ser Jefe del Departamento de Aurores debes ser el mejor.
»Esto, Circe, es un hechizo que yo mismo he creado. Tal como hiciera el Príncipe Mestizo yo tengo mis propias armas. ¡Expelliarmus!
De la espada plateada salió un chorro de luz a tanta velocidad que Circe solo atinó a poner sus manos como escudo. Salió disparada a varios metros y se golpeó contra un árbol.
Adolorida, levantó sus brazos y los movió como si estuviera danzando. De la tierra salieron las raíces de los árboles y como brazos de pulpo cayeron sobre Harry, que, poniendo la espada por delante, los convirtió en polvo.
—¿Qué es este tipo de magia? —gritó Circe.
—Debes ser un iniciado, Circe. Existe magia blanca que hace más cosas impresionantes que la magia oscura…La mayoría de nosotros aquí, somos de la Orden del Dragón.
—¿La Orden del Dragón?
—Sí, es una sucesora de la Orden del Fénix. Hemos estudiado de la magia blanca, partiendo de los textos antiguos. La Ruptura del Vínculo, Circe, es solo un pequeño paso. No sabes nada del mundo…
Mientras tanto, los del ED habían apresado a Lindja y Nikola, mientras Ron se batía con Gjul. Los chorros de luz verde le rozaban el cabello al pelirrojo, y hábilmente los esquivaba. De pronto, Gjul le lanzó un hechizo que hizo aparecer arañas por todas partes y, para suerte de Ron, Draco acabó con ellas.
Finalmente, tanto Malfoy como Ron se unieron y a la vez le lanzaron un potente hechizo aturdidor.
Circe intentaba a toda costa matar a Harry. Él, sin mucho esfuerzo esquivaba cada uno de los hechizos macabros que le lanzaba la rubia. Harry entonces se desapareció, apareció detrás de Circe y la atravesó con la espada de luz, de lado a lado.
Circe cayó de rodillas, con la mirada perdida. Movió sus manos y nada sucedió, luego agarró a Harry por la pierna y le gritó:
—¡Qué has hecho!
—Lo siento Circe, pero no merecías la magia. Te he quitado tus poderes. ¡Llévensela!
Los del ED la ataron, mientras ella, fuera de sí, daba gritos. La sed de poder la había vuelto loca.

La Asociación de Magia Albana hizo las paces con Inglaterra. Todos habían estado bajo los efectos de Circe y su personalidad destructiva. Ella, por su parte sería llevada a juicio por los crímenes cometidos.
El día de la vista pública en el juzgado, Harry fungiría como testigo. Se había preparado muy bien para denunciar los crímenes de la muchacha. Agradeció a Tina Grindewald por su ayuda y escribió lechuzas a varios periódicos que le pidieron entrevistas.
El pasillo estaba lleno de gente del Ministerio en espera de que comenzara el juicio. Ginny apareció, con una expresión de alegría desbordante.
—Harry —dijo Kingsley asomándose desde dentro del juzgado— es el momento de que entres.
  • Harry asintió y, justo antes de entrar a sentenciar a Circe, Ginny le gritó:

—Es Luna Lovegood…¡ está embarazada!
Harry sonrió y entró al juicio, sabiendo que ése sería un buen día.

jueves, 12 de abril de 2012

Harry Potter y La Ruptura del Vínculo Capítulo 12 Penúltimo!!!


Capítulo 12DespertarPor Tomas Marvolo

Harry se despertó por la agitación que sintió en la sala contigua. Era un ruido como de látigo que golpeaba contra un cuerpo. Látigo, gemido, látigo, grito de dolor…Así era la secuencia de ruido que escuchaba, la que logró sacarlo de la tortura del veneno que le llenó de pesadillas durante más de 24 horas.
Por la voz, Harry supuso que Circe torturaba a uno de sus guardias; Dakerov, según pudo escuchar en varias ocasiones que lo mencionaron.
Otra vez las cadenas lo amarraban, pero esta vez a su alrededor había una especie de halo dorado, como si estuvieran extrayéndole algún tipo de sustancia de su cuerpo.
¿Qué era exactamente lo que Circe deseaba hacerles? Ella había hablado de un rito, ¿de qué se trataba?
Harry miró entonces a sus compañeros: ninguno de ellos tenía el mismo halo que él…¿acaso solo necesitaba de sus cualidades la maniática de Circe?
Hermione comenzó a despertar y dio unas arqueadas, como si fuera a vomitar. Luego respiró profundamente y levantó la mirada. Estaba demacrada, con bolsas debajo de los ojos y la piel extremadamente pálida.
—Hermione —dijo Harry, alegre de que alguien despertara— ¿qué sucedió?
—Después que te desmayaste nos volvieron a encadenar y Circe murmuró algo sobre Mortífagos…Luego nos dieron una asquerosa pócima, peor que la multijugos, y me desmayé también. A Ron se la dieron antes, porque el veneno hacía mayor reacción en él…Espera —se detuvo Hermione y miró a todos lados.—, ¿dónde está Ron?
Harry examinó a su alrededor y vio que la cadena donde antes colgaba ahora estaba ocupada por Draco, que aún no despertaba.
—Deben habérselo llevado para cuidarlo mejor —intentó tranquilizarla.
Hermione comenzó a llorar.
—Harry, incluso Circe se puso furiosa al ver en qué estado estaba Ron…—ella ahogó un sollozo— Convirtió su varita en un látigo y golpeó a Lindja en el rostro. ¡Gritaba cosas en albano, algo se salió de control!
No podía ser cierto, si Ron fue expuesto a más cantidad de veneno que ellos, si no pudieron darle el antídoto a tiempo…
—No te preocupes, Circe siempre tiene todo previsto. Tal vez era solo para asustarnos. Además, por alguna razón nos tiene vivos, ¿no? ¡Nos necesita!
Draco comenzó a respirar fuertemente, como despertando de una pesadilla, y Teddy se movió intranquilo, aun sin abrir los ojos.
—Sabía que debí dejar que te pudrieras aquí, Potter —dijo Malfoy con su tono de desprecio en la voz.
—Qué bueno que está de vuelta con nosotros, Draco —dijo Harry sarcásticamente— Trata de tocar a Teddy, tú estás más cerca, lo necesitamos despierto.
Draco estiró su mano izquierda y logró hacer contacto con Teddy. El muchacho se movió bruscamente despertando de su sueño.
—¿Qué sucedió? —preguntó y, brevemente, le relataron lo que había pasado.
En ese instante entró Circe, ataviada con un lujoso vestido negro que se arrastraba por el suelo. Llevaba los hombros descubiertos, permitiendo ver la fragilidad y delgadez de la muchacha, así como su juventud. Llevaba unos guantes negros adornados con un anillo acuñado por la insignia de Salazar Slytherin y el pelo se lo había ondeado por primera vez, lo que la hacía parecer más hermosa que de costumbre.
Teddy no pudo evitar soltar un grito de asombro.
—Gracias —dijo Circe ante la exclamación del muchacho— parece que aún puedo impresionarte, Teddy.
»He venido a tener mi última conversación con ustedes, donde les contaré algunas cosas muy importantes. Pueden preguntar, esta es su oportunidad de aclarar sus dudas respecto a mi persona. Tal vez mañana la luz del sol toque sus cuerpos fríos por la muerte, después que hayan admirado mi supremacía sobre todos los tipos de criaturas que existen, desde los elfos hasta los magos.
—Muy bien —dijo Harry— ¿Quién eres?
Circe hizo una pausa en la que respiró y luego dijo:
—¿Sabes que es la misma pregunta de toda la humanidad desde que surgió? Incluso la bruja que habitaba en Delfos hizo que se pusiera una inscripción: “Conócete a ti mismo”.
»Pues te diré quién es Circe: Circe fue abandonada por sus padres, enviados a Azkaban cuando mi abuela los denunció como Mortífagos. Ya habían pasado tres años desde los sucesos con Lord Voldemort y ellos habían logrado burlar todo tipo de pesquisa; pero mi abuela…bueno, ella era demasiado correcta y los denunció.
»‘No quiero que le enseñen a mi nieta las Artes Oscuras’, dijo a los Aurores. Ellos habían guardado sus varitas desde la última vez que el Señor Tenebroso les diera órdenes y se habían mezclado con los muggles, desaparecieron de las prioridades del Ministerio. Por tanto, mi abuela no tenía ningún derecjo a denunciarlos.
»No importó. Igual hallé entre sus cosas la maravilla que las Artes Oscuras pueden lograr. Mi padre y Regulus Black descubrieron que Voldemort era vulnerable, no inmortal como se autoproclamaba. Se percataron de que había una clase de magia muy oscura detrás de su apariencia y, con mucha investigación, llegaron hasta el misterio que esconden los Horrocruxes.
»Todo ese legado, junto al diario que mi padre robó al Señor Oscuro en sus últimos días de pelea contra ti, así como la Piedra de la Resurrección que Teddy fue tan amable de regalarme como muestra de amor me condujeron a todo lo que ahora sé hacer.
»La magia de la inconciencia, esa que me hace meterme a tus sueños y dominarte fue desarrollada por mi padre. No sé cómo llegó hasta el Ministerio, porque reconozco que me sorprendió que supieras utilizarla, Harry Potter.
Circe se refería a las Navidades, cuando intentó secuestrar a Lily Luna, y se encontró que había caído en una trampa muy bien pensada por Harry y sus amigos.
—¿Cómo pudiste hacer tanta magia sin que te notáramos en el Ministerio? —preguntó Hermione.
—Fácil —respondió Circe—. Yo no tengo el Rastro sobre mí. Estuve un año sin asistir a Hogwarts porque caí muy enferma, y mi abuela decidió cuidarme por sí misma. Así que en lugar de 16, tengo 18, cumplo años en enero. Entré a sexto año con 17.
»Pero ya basta de preguntas. Acaba de llegarme una lechuza del ministerio de magia inglés. En pocas palabras, ustedes, querido invitados, serán cambiados por Mortífagos en la frontera con Grecia que tenemos acá cerca.
»En diez minutos los vendré a buscar, sin trucos, para enseñarles algo.
Circe se dio la vuelta y por más que Hermione le preguntó por Ron, siguió su camino.
En el tiempo acordado aparecieron allí Lindja y Gjul, que los desataron y los pusieron a caminar  en fila en dirección a la sala del trono.
Circe había dispuesto unos asientos extraños, como hechos de enredaderas espinosas, para que Harry, Draco, Hermione y Teddy se sentaran. Al colocar sus manos en los brazos de los asientos, las enredaderas los ataban al mueble. Circe se sentó el trono y chasqueó un dedo.
—Como les dije, no hay truco. Acá están mis guardias: Gjul, Lindja y Nikola. Allá arriba— señaló a un nivel más alto, donde estaba colgado Dakerov amordazado y gritando palabras ininteligibles— está el que falta. Ahora, lo que más me gusta de este salón del trono: ¡el suelo se mueve!
Delante de ellos las losas del suelo comenzaron a retirarse, y dejaron salir una piedra rectangular a la que había un cuerpo amarrado y amordazado: el de Ron.
De los ojos del pelirrojo escaparon unas lágrimas de temor, y un temblor lo recorrió de pies a cabeza. Dakerov seguía gritando, inexplicablemente. Hermione intentó zafarse de las ataduras y Harry gritó algo a Circe.
—Calma, pronto todos estarán reunidos —luego levantó su varita y, con un movimiento elegante gritó:
—¡AVADA KEDAVRA!
Un chorro de luz verde escapó de la punta de la varita de Circe e iluminó el rostro de Ron por milisegundos. Luego abrió los ojos como platos y su cabeza cayó, como si se hubiera quedado dormido. La vida había escapado de su cuerpo.
No se asusten, quizás este no sea el final. Recuerden que aún falta un capítulo para el final de este Fanfic colaborativo. NOX

martes, 10 de abril de 2012

Harry Potter y La Ruptura del Vínculo Capítulo 11


Capítulo 11
La huidaPor Tomas Marvolo 

La reacción de Hermione fue la que salvó esa noche a Ron, Teddy, Harry y Draco de Circe. Corrió a Harry y le arrebató su varita para gritar Lumos Solem. De la varita salió un destello cegador que dejó sin capacidad de visualizar lo que ocurría a todos los presentes en la sala.
Cuando  recuperaron su capacidad de visión las dos versiones de Circe se hallaban una al lado de la otra, forcejeando.
—Apresen a esta impostora —dijo una de ellas.
Sin atreverse a apresar a ninguna de las dos Circe, Lindja, que miraba azorado la escena, solo atinó a apuntar su varita a Harry.
—¿Qué haces? —gritó una de las rubias— ¡Lo necesito, estúpido!
—Maten a Potter, lo mantendremos en secreto hasta que nos den a los Mortífagos —dijo la otra.
Lindja lanzó entonces un hechizo aturdidor a la primera, y cayó al suelo.
—¡No —gritó Hermione y se lanzó de manera protectora sobre el cuerpo caído.
—Yo misma lo mataré, en presencia de todos sus aliados —dijo Circe— pero eso será en la mañana. Ahora estoy agotada. Recojan los cuerpos y llévenlos de vuelta al calabozo donde estaban.
Lindja, Gjul y Nikola arrancaron a Hermione del cuerpo que intentaba proteger, pero ella ponía resistencia. Logró zafarse, ahogada en lágrimas y lanzarse de nuevo a proteger el cuerpo que yacía inconsciente en el suelo. Ron corrió a apartarla de los otros hechiceros y le propinó un puñetazo a Gjul que fue respondido con un Desmaius de Nikola. Harry permaneció tranquilo, sin saber qué hacer.
—Dénme una varita. Yo misma acabaré con esta perra —habló Circe y extendió su mano hacia Lindja.
—A ver, madame —dijo a Hermione—, hagámoslo de la manera elegante. Nikola, tiéndele tu varita. Tendremos duelo.
Aún con los ojos llenos de lágrimas, Hermione se incorporó. Después de algunos pucheros lanzó una mirada a Harry que captó inmediatamente. Hermione se acercó  a Circe y ambas levantaron las varitas. Hicieron una reverencia y caminaron cada una a su esquina. Luego se voltearon:
—¡¡¡Expelliarmus!!! —gritó Hermione.
—¡¡¡Desmaius!!! —gritó Circe, pero los hechizos no chocaron en el aire ni golpearon a cada una: salieron en dirección a Lindja, Gjul y Nikola, que aún pasmados no salían de su asombro.
Lindja y Nikola no poseían varitas, por lo que solo pudieron intentar parar los hechizos con las palmas de las manos. Nikola, por su parte, fue golpeado por una ráfaga plateada que salió de la varita de Harry. Fue entonces que se aclaró todo:
La verdadera Circe había sido derribada. Teddy había interpretado tan bien su papel que había logrado engañar, incluso, a los más cercanos seguidores de Circe. Todo ello fue posibilitado por el momento de ceguera que provocó Hermione, tiempo que aprovechó Teddy para ir al encuentro de Circe.
En cuanto a ella, cuando lograron voltearse se había hecho una neblina negra que había salido volando por una de las ventanas.
Draco y Ron permanecían todavía en el suelo.
Hermione se acercó a su esposo, a examinarlo con cuidado. Harry, por su parte, se ocupaba de Malfoy. Teddy, mientras tanto, había adquirido su apariencia normal y se hallaba intentando encontrar las varitas de cada uno.
—¿Qué está pasando? —dijo Hermione, palideciendo.
Ron estaba teniendo movimientos violentos en el suelo, y grandes gotas de sudor plateado bajaban de su frente.
—Hermione, tengo mucho sueño —dijo entonces Harry. Sentía que su temperatura empezaba a elevarse y los ojos se le cerraban. El mundo empezó a darle vueltas, y se sintió como cuando Voldemort  penetraba en su mente.
Un fuerte dolor de cabeza se apoderó también de Teddy, que estaba en el dormitorio de Circe, frente a un baúl. Llevaba la varita que Lindja le diera.
—Cistem aperio —dijo, y de la varita salió un débil haz de luz que no consiguió siquiera mover el baúl—. Cistem aperio —repitió, con más fuerza.
El baúl se sacudió violentamente y se abrió. Allí estaban las varitas de su padrino, Ron, Hermione y la propia. Las tomó y las guardó en el interior de la túnica. Agitó su varita y les colocó un hechizo desilusionador, para ocultarlas. Entonces sintió que la garganta le apretaba, y el aire se le hizo irrespirable. Intentó agarrarse de un panel lleno de maquillajes que adornaba el espejo de la habitación de Circe, pero solo consiguió halar unos cuantos pomos de polvo que cayeron de sus manos y explotaron, dejando una nube color piel. Detrás cayó él, con las manos en la garganta.
Hermione cayó de espaldas, junto a Ron. El pelirrojo seguía con fuertes convulsiones en el suelo.
Entonces a Harry y sus compañeros comenzaron a zumbarles los oídos. Más tarde llegó hasta ellos una voz, que parecía salir de sus cabezas. Primero fue una risa estridente. Luego las palabras:
—Una vez más, he demostrado ser más lista que ustedes —resonó Circe en sus cabezas— Las cadenas a los que los amarré estaban envenenadas, además de tener un hechizo especial: absorbe su magia. Solo yo tengo la facultad de darles un antídoto.
—¡Nunca! —gritó Harry. No temía a la muerte. Sin embargo, Hermione no respondió igual.
Ron estaba allí tendido, empeorando a cada segundo. Ella quería ser valiente, pero también quería que Ron viviera. Miró a Harry desde su posición, y éste comprendió.
Entonces comenzó a pensar: era cierto que Lily había dado su vida para salvarlo; pero ahora que era padre no solo entendía que un hijo era primero, sino que los hijos deben, además, estar bajo el cuidado de los padres.
Él no había sido infeliz del todo, pero la ausencia de James y Lily hizo mella en su vida, hace mella en su vida. Creció sin nadie que lo quisiera, y una vez que comenzaron a entrar personas que lo amaban en su vida, fueron desapareciendo: primero Sirius, luego Dumbledore, detrás Dobby.
Podía elegir dos caminos: ser un mártir y no acompañar a sus hijos, arrebatándose incluso la oportunidad de poder vencer a Circe, o rendirse momentáneamente y vivir para derrotar a su enemiga.
Flashazos de los amargos momentos que pasó alejado de Ginny, de cuando nació Albus Severus, de la cara de James cuando le dio su primera escoba…La expresión dulce de Lily Luna cuando murió Crookshanks, y cómo ella lo enterró y cultivó violetas sobre su tumba. ¡Hasta los primeros pasos de Teddy pasaron ante sus ojos, como si estuviera en un pensadero!
Nada de eso podía echar por la borda. Tenía que darse la oportunidad de ganar la batalla
—Nos rendimos —dijo Harry y no vio nada más.