Harry Potter

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viernes, 30 de marzo de 2012

Harry Potter Y La Ruptura Del Vinculo Capitulo 10

Capítulo 10
Malfoy, Potter, Granger, Weasley, Lupin
Draco Malfoy había aparecido oportunamente en el camino de Ginny Weasley por primera vez en su vida. Durante el tiempo que habían pasado en Hogwarts como estudiantes jamás tuvieron las mejores relaciones; pero desde que Harry, más tarde esposo de la Weasley, salvara a Malfoy, la posición de este último había cambiado en relación con la familia de pelirrojos…y de Potter.
Había lanzado alguna que otra sonrisa furtiva o gesto de saludo a Ginny cuando la encontraba en King’s Cross llevando a sus hijos a la escuela, y hasta habían tenido una conversación amable en la tienda de Ollivander en cierta ocasión.
No podría decirse que Draco se hubiera hecho amigo de Ginny, para nada: ahora estaban en la categoría de conocidos no hostiles. Por eso cuando vio su rostro por los pasillos del Ministerio, tuvo un arranque de confianza y le contó al rubio todo lo que estaba ocurriendo con Harry, su hermano, su cuñada y su ahijado en Albania.
«A pesar de todo, Draco» había dicho Ginny al terminar su historia «fuimos compañeros de clase, y ahora nuestros hijos asisten a la misma escuela. Supiste elegir el bien al final, tarde, pero seguro. Te ruego que me ayudes»
«Siempre fui un tonto, Weasley» dijo en tono despectivo Malfoy. Luego siguió su camino y casi al final del pasillo exclamó: «Pero esta vez haré bien las cosas».
Después de eso Draco hizo la aparición más difícil de su vida. Atravesar varios países no era tarea fácil, ni siquiera para un mago adulto. Hizo apariciones aquí y allá, luego tomó un Traslador rumbo a Grecia y finalmente siguió las no pocas huellas que dejara Harry a su paso.
«Camina por el bosque, donde los árboles son rojos» le había dicho Ginny antes de que él se perdiera en los confines del Ministerio. ¿Qué quería decir aquello?
Malfoy lo supo enseguida: cuando Ginny había escapado, Teddy lanzó un hechizo “Periculum” que dejó una señal de chispas rojas en el cielo. La esposa de Harry agitó su varita y creó una estela rojiza también sobre los árboles que guiaba hasta el origen del hechizo de su ahijado.
El rubio no podía negar que Ginny, después de todo, era mejor hechicera, jugadora de Quidditch y persona de lo que él esperaba. Así era la vida, y ahora estaba allí, a miles de kilómetros de distancia de su familia, arriesgándose por su enemigo de la niñez. ¿Acaso era una buena persona? ¿Acaso se había vuelto tan debilucho de carácter como los Potter? ¿Acaso su vida entera era una mentira y éste era el real Draco Malfoy, que ayuda a los demás e intenta mantener el equilibrio a favor del bien?
Cuando por fin se hallaba cerca de un enorme castillo, se encontró con un oponente bastante fuerte: Dakerov. Al acercarse a él, sintió que murmuraba algo en idioma extraño, albano de seguro. Luego, ante la falta de reacción, el guardia habló en inglés, un primitivo inglés:
—¿Quién va?
—Amigo —gritó Draco y luego, con un ágil movimiento de varita lanzó un rayo de luz roja a su oponente. Pero no por gusto Dakerov estaba en la guardia personal de Circe. Tenía ciertas aptitudes para las más terribles maldiciones, y Draco lo supo cuando un rayo de luz verde pasó zumbando cerca de su oído.
—¿Eso es lo que tienes? —dijo el rubio, con su habitual inexpresividad. Lueg comenzó un combate de elegancia extraña: mientras Malfoy agitaba su varita y se movía como todo un lord inglés, por la elegancia y las maneras en que blandía su arma; Dakerov, por su parte poseía un estilo un poco más libre, daba giros y movía la varita como si fuera uno de esos sables árabes curvos. Grandes llamaradas de fuego salían de la punta de la varita de Dakerov, que adquirían las más disímiles formas y tamaños, y a Draco le costó un poco evitar las quemaduras. Se dedicó primero a esquivar los ataques de su enemigo, y luego aprovechó una gran llamarada en forma de tigre para contenerla y lanzarla de vuelta al albano.
Dakerov falló. Pensó que el tigre detendría a Draco por unos segndos, no que este último se lo lanzaría de vuelta y, ante una cucharada de su propia medicina, sucumbió. Cayó al suelo, y el tigre parecía tener vida propia, intentaba lanzarle zarpazos al rostro. Malfoy, por su parte pronunció levemente «Finite Incantatem» y el animal ardiente se esfumó, no sin antes dejar una explosión pequeña que dejó aturdido a Dakerov.
Con el guarda de Circe fuera de combate, Draco le quitó la capa y lo dejó atado a unas cuerdas encantadas. Luego tomó la varita de su contrincante y la escondió en sus bolsillos. Él, para variar, iba vestido con un elegante traje que ahora tenía las mangas algo chamuscadas, y su pelo blanquecino no estaba alisado uniformemente, sino que caían algunos flecos en su frente. Se secó el sudor del rostro y luego se colocó el atuendo de Dakerov.
Caminó por el bosque en dirección al castillo, con el rostro totalmente cubierto. Una vez allí empezó su actuación: alertó a los guardias de que había un intruso en las cercanías:
—Es en las inmediaciones del bosque, sentí varias voces… —dijo.
—¿Por qué llevas cubierto el rostro? —dijo a Malfoy uno de los guardianes.
—¿Qué te importa? —respondió —¡Corre, alguien intentará atacarnos! Yo le avisaré a la Primera Secretaria lo que está sucediendo.
Los guardias asintieron y corrieron en la dirección indicada. Sin embargo no eran estúpidos. ¿Desde cuándo Dakerov hablaba con ellos en inglés, y menos de manera tan fluida? Fingieron seguir las instrucciones de Malfoy y se ocultaron tras la maleza cercana para observarlo.
 Con la luz de su varita, Draco bajó las oscuras escaleras que conducían hasta las mazmorras, donde Harry Potter y sus compañeros estaban encerrados. Todos permanecían amarrados por las extremidades a una especie de marco, y unos espejos en el suelo los iluminaban con la luz plateada de la luna.
Al ver su silueta, Harry se puso a la defensiva:
— ¿Qué haces aquí Dakerov?
—Buena inicial, pero mal nombre. NOX.
La varita de Draco dejó de emitir luz y luego se quitó la capucha. Si hubiera tenido alguna cámara de El Profeta cerca hubiera vendido la expresión de Harry Potter para la portada de la mañana siguiente.
—No pensé que fuera a hacer esto de nuevo Potter—dijo Malfoy. Harry se recuperó del impacto y luego dijo:
— Parece que se está convirtiendo en costumbre. Aunque no lo creas me alegro de verte, Draco.
—¡Diffindo! —dijo el rubio apuntando a las ataduras de Harry. Nada ocurrió. Luego lo miró —Es una lástima que para mí no resulte tan agradable. ¡Relashio!
Tras un sonoro CLIC una de las manos de Harry quedó libre.
—Hazlo tú mismo —dijo Draco y le tendió su varita— Esta vez no te la quedes, Potter.
Harry hizo caso de Malfoy y sonrió ante la broma. Aún conservaba la varita  que le había arrebatado cuando los sucesos en la Mansión Malfoy, donde murió Dobby. Una vez libre, observó cómo draco libraba a Ron primero, por lo que el corrió hacia Hermione y Teddy. Al parecer las enseñanzas sobre la pureza de la sangre aún estaban muy dentro de la conciencia de Draco, pues dejó para últimos a la Sangre Sucia y al hijo del Hombre-Lobo.
Una vez libres los cuatro, se percataron de un hecho desventajoso: eran cinco y solo había un par de varitas.
—Draco —dijo Hermione sorprendida al verlo, tras tocarse las quemaduras que le había producido el roce con las cadenas— ¿Qué haces aquí?
—Salvarte, estúpida —dijo él como cortante respuesta y se dio la vuelta.
—Tenemos un par de varitas, Potter. No pienso dejar la mía a nadie, no confío ni en el Weasley ni en la Granger. Mucho menos en este transformista…
—Cuidado como me hablas —dijo Teddy furioso y su pelo adquirió un tono rojizo.
—¡Eso es! Teddy, tú eres un metamorfomago.
—Mi amor —dijo Ron en tono irónico— Eso ya lo sabíamos, ¿no?
—¡Ése es el punto! No lo hemos sabido aprovechar… Puedes lograr transformar tu cuerpo a tu antojo, ¿no Teddy?
—Pues sí. La profesora McGonagall me daba clases particulares. Ella pensaba que era fascinante cómo sin varita podía adquirir cualquier forma, y como es parte de mi naturaleza, las Transformaciones siempre fueron mi asignatura sobresaliente.
—Granger…siempre trayendo los deberes a todas partes, ¿no?— dijo Draco y Hermione le lanzó una mirada recordándole que en tercer año lo había golpeado, y podía repetirlo.
—Basta de discutir —dijo Harry algo enfadado. La presencia de Malfoy era definitivamente molesta por una parte, y necesaria por la otra, toda una contradicción.
—Sin entendí bien, Hermione —dijo Harry más calmado— Pretendes que Teddy altere su fisionomía para parecerse a alguno de los guardias, ¿no?
—No exactamente —dijo Hermione— Quiero que se transforme en Circe. Ése será nuestro boleto de salida. Malfoy o tú, Harry, pueden ir al dormitorio de ella a impedir que salga. No podemos arriesgarnos a combatir contra Circe, aún no sabemos qué habilidades concretas posee. El encantamiento de ilusión que hizo en navidades fue impresionante, único en su tipo.
—¿Cuál es tu idea, Hermione? —dijo Harry.
—Pues salimos de este lugar con Teddy de rehén, transformado en Circe, ¿comprendes? Les pedimos nuestras varitas a cambio de su vida y cuando las obtengamos pues…improvisaremos.
—¿Improvisaremos? ¿Ése es tu magnífico plan? —dijo Malfoy.
—¿Se te ocurre algo mejor?
—Muy bien. Yo iré al cuarto de la tal Circe —dijo Malfoy, tras arrebatarle su varita a Harry y darle la que había robado a Dakerov —Vigilaré y si algo sucede, pues me marcho sin mirar atrás. Los abandono. ¿Comprendido?
Harry, Ron, Hermione y Teddy asintieron. Draco se marchó cautelosamente rumbo a la habitación que, según le indicó Harry, suponía era la de Circe.
Fue entonces que Teddy comenzó a cambiar su color de pelo, afilar su nariz y palidecer su piel. Unos segundos más tarde, si bien no era una copia fiel, en la oscuridad era muy parecido a Circe. Harry se acercó a él y le puso la varita en el cuello. Aún llevaba ropa de hombre, por lo que Hermione terminó cambiando con él. No le quedaba muy bien, y su forma no era muy femenina por lo ancho de las espaldas, pero era su única opción. Tal vez Malfoy tenía razón y todo aquello era una locura o tal vez corrían con suerte y podían escapar a salvo.
Así salieron al medio de la sala del trono y, justo allí, los esperaban los soldados, en guardia. Cuatro hombres fornidos con sus varitas en alto.
—Apártense —dijo Harry, y luego de dejar que hicieran contacto visual con Teddy transformado en Circe lanzó un hechizo que dejó todo en penumbras.
—Su señora está a mi merced…Si alguien hace algo estúpido la mataré. Dejen sus varitas a un lado y siéntense alejados de la puerta, en el suelo.
Los soldados dudaron un momento, pero Teddy, que había sido novio de Circe la imitaba a la percepción, y hasta hablaba algunas palabras en albano. Dejó escapar un chillido y los magos pusieron sus varitas a los pies de Harry. En ese instante se percató de que Malfoy estaba en el suelo, sin dudas aturdido por alguno de aquellos soldados de Circe. Hizo una seña a Hermione y ella se apresuró a levantar el cuerpo aturdido de Draco, con ayuda de Ron. Él se comenzó a incorporar trabajosamente y, poco a poco, abrió los ojos. Balbuceó unas palabras al oído de Hermione y ella palideció.
Harry caminó en dirección a la salida del castillo.
—Tú —señaló a uno de los soldados— irás con mi amigo a buscar nuestras varitas.
Ron acompañó al soldado por donde lo guió.
—Harry —dijo Hermione en voz baja— Draco ha visto a Circe merodeando. Él se escondía tras una columna cuando fue aturdido. Esperemos que ella tarde en aparecer.
Qué complicación de último minuto. No solo era una gran hechicera, sino que Circe, además, parecía no dormir.
Sin embargo, los deseos de Hermione no fueron correspondidos. Bastaron cinco minutos para que se escucharan unos aplausos y un escalofrío los recorriera. Las palmadas provenían de la penumbra y eran acompañadas de una risa frenética, loca.
—Muy bien. Casi me lo creo. Parece que tengo una doble— dijo Circe, dejándose mostrar a la luz de la luna.

Harry Potter Y La Ruptura Del Vinculo Capitulo 9

Capítulo 9
Magia y conspiración
Por Tomas Marvolo
El Ministro de Magia había convocado urgentemente a una reunión. La situación con Albania se había vuelto un caos. Los representantes dela AMAdeclararon la guerra abiertamente  a Inglaterra en caso de que no quisieran liberar a los Mortífagos que estaban en Azkaban.
Les había llegado un águila desde Albania con la declaración:
Comunicado Oficial de la Alianza Mágica Albanesa a Ministerio de Magia de Gran Bretaña e Irlanda del Norte

Señor Ministro:
Por medio del siguiente comunicado le hacemos oficial nuestra intención de que sean liberados todos los llamados anteriormente Mortífagos para acogerlos como parte del cuerpo diplomágico de nuestra nación. Consideramos que deben ser exonerados de sus crímenes y enviados a nuestra tierra donde serán recibidos con los brazos abiertos.
Nuestra intención no es obtenerlos de manera gratuita: pretendemos dar a cambio íntegramente a sus compatriotas Ted Lupin, Ronald B. Weasley, Hermione J. Granger y  Harry J. Potter quiénes están acusados de espionaje e invasión de territorio sin los permisos mágicos correspondientes. Suponemos que dados los rangos que poseen dichos funcionarios, no pueden tratarse como si fueran simples emigrados, sino que podemos dilucidar ciertas intenciones políticas en su actuar.
Primeramente, el apellidado Lupin permanece en nuestras tierras desde hace algún tiempo, por lo que al arribar más de sus coterráneos no nos quedó otra opción que apresarlos preventivamente.
En caso de no hacerse efectiva nuestra petición, espero que comprenda la necesidad que tendremos de utilizar nuestra fuerza en contra de su nación ya que se trata de un asunto de seguridad nacional.
Sus enviados han perseguido a nuestra actual Primera Secretaria desde hace meses con amenazas y hasta agresiones. Consideramos una agresión directa a nuestra soberanía semejante presencia en nuestro país.
Los llamados Mortífagos serán de momento controlados en nuestras fronteras para armar nuestro ejército, en caso de que alguien intente en el futuro atacarnos. Tienen 72 horas a partir de este mensaje para responder a nuestras demandas.
Esperando entiendan nuestras razones,
Consejo de Ancianos
AMA
El Ministerio era un hervidero. En el salón de reuniones se habían agolpado los más altos funcionarios junto a Ginny, que había logrado escapar sana y salva. Ella era la encargada de contar cómo había sucedido todo. EL Ministro estaba presidiendo la reunión en el mismo recinto que testificara Harry una vez cuando se hallaba en quinto año.
—La sesión comienza —anunció un mago de largas barbas. El Ministro se puso en pie y dio la palabra a Ginny.
—Quizás muchos de ustedes estén enterados de los sucesos de las familias Potter y Weasley en los últimos meses.
—¿Se refiere a los hechos del Sextante de Plata? —dijo una voz.
Ginny se volteó a mirar y, furiosa, se dirigió al Ministro:
—¿Qué hace ella aquí?
—Pues Rita Skeeter es la única que tenemos capacitada para tomar las actas en reuniones como esta.La Secretaria Oficialse fue muy enferma a casa anoche y no quedó más remedio —respondió Kingsley algo apenado.
Ginny sabía que de segurola Skeeterhabía hechizado o mandado a hechizar ala Secretariacon tal de tener la primicia. Algo le sugería que estaba trabajando para alguno de los diarios privados que se dedicaban a publicar chismes ministeriales.
—Muy bien. Tras los sucesos del sextante, protagonizados por Circe, una muchacha que al parecer logró burlar varios sistemas y se coló en Hogwarts supliendo a otra alumna, mi familia se vio en la necesidad de encontrarla para frenar la locura que había desatado.
»Nuestro ahijado Teddy Lupin, quien además había tenido una relación sentimental con ella le siguió la pista y fue a parar a Albania. Una vez allí nos alertó de los elementos conspirativos y peligrosos que se desataban. Rápidamente, al ver que hasta su correo había sido interceptado en el aire, nos vimos en la necesidad de ir hasta donde se hallaba, para rescatarlo.
»El estreno en Albania fue una lucha contra Dementores, que por alguna razón se han mudado a ese lugar y se reproducen vertiginosamente.  Luego fuimos perseguidos por magos albanos, y logré escapar. Téngase claro que ellos nos agredieron primero, aún sin saber quiénes éramos.
—Muy bien, Ginny —dijo Kingsley— Ya hemos escuchado. Ahora debemos ponernos de acuerdo en tomar una decisión. ¿Alguien tiene opinión?
Una bruja de largo pelo negro se puso en pie y tomó la palabra:
—Ministro, es inaceptable que los Mortífagos sean liberados. Sin embargo, no me parece tan mala idea.
»Podemos desterrarlos de Inglaterra y prohibir su entrada en el país. Así Azkaban se vacía un poco y no tendríamos que alimentarlos más, o vivir con el miedo de que puedan escapar de manera masiva y destrozarnos. Además, piénselo, muchos de ellos están destruidos por la prisión, ¿qué podría pasar? Eso es todo. Pienso que de otorgarles extradición y recuperar a nuestro Jefe del Departamento de Aurores,  los albanos ganarían por fin un cuerpo armado para defenderse y nosotros a nuestras mentes más brillantes de vuelta.
Kingsley asintió. Luego señaló a un mago más anciano que levantaba su varita.
—No concuerdo con Mafalda, Ministro. Si Albania se arma con tales personajes, ¿quién nos dice que no seremos los primeros en ser atacados? Los Mortífagos son malas personas pero muy astutos magos, no debemos subestimarlos porque hayan estado presos. Es mi opinión y del resto del Departamento de Aurores, que el señor Potter debe ser rescatado sin pensar en las consecuencias. No podemos doblegarnos de esa manera.
—Esto se pone interesante —chilló Rita Skeeter. Ginny le lanzó una mirada cortante y luego pidió la palabra:
—Muy bien. Hablaré como bruja inglesa, no como Ginny Potter. Pienso que lo mejor es entregar a los Mortífagos como corresponde al trato.
»Si el Departamento de Aurores se inmiscuye para salvar a Harry y los demás se convertirá en un problema político y la situación empeorará. La agresión de los albanos hacia nosotros estaría justificada.
Kingsley se detuvo un momento a pensar desconcertado. La mayor parte de los magos del Consejo comenzó a cuchillear, con una obvia incomodidad. Ginny miró al Ministro, y él pudo leer en sus ojos lo que realmente haría.
—Muy bien. He valorado ambas opiniones y me reservo mi decisión para dentro de 15 minutos. Declaro un receso en nuestro debate.
Todos los magos se pusieron en pie y salieron, algunos incómodos, otros asintiendo y dando palmadas de aprobación a Ginny. Ella salió afuera un momento, con cara de preocupación y encontró a quien menos esperaba…
Cuando por fin el receso había terminado, Ginny Weasley regresó a la sala con una expresión de triunfo. Kingsley ascendió los peldaños y se colocó frente a todos los magos del Consejo. Como un camino de pólvora, el silencio se esparció por toda la sala, hasta que nada se escuchó.
—He tomado mi decisión —dijo Kingsley. Luego miró a Ginny y, cuando esta le hubo dado su aprobación continuó su discurso:
—Haremos una entrega en la frontera de Grecia con Albania dentro de 48 horas. El Departamento de Aurores se encargará de disponer todo para que se cumpla el acuerdo conla Alianza Albanesa.Skeeter, que todo quede escrito exactamente como lo he dicho.
Un mar de susurros y un aire de descontento quedó hecho sonido en la sala.
—¡Cómo diga Ministro! —se apresuró a decir Rita Skeeter, que ya tenía la primicia grabada en el rostro. Y así fue. Al día siguiente varios periódicos sacaron en portada un artículo bastante agresivo respecto a la decisión ministerial, firmado por una tal Atir Reteeks que como todos supusieron, no era otra quela Skeeterescondiéndose para seguir su carrera en el periodismo. Este era el texto:
El regreso de San Potter
Por Atir Reteeks

¿Quién pensaría que más de 20 años después, el llamado antes El Elegido pondría nuestras vidas en peligro una vez más? Sí, pues sus andadas llegaron esta vez hasta la lejanísima Albania, donde el Minsterio pretende enviar a todos los Mortífagos de Azkaban, para que puedan ser cambiados por Potter y su pandilla.
Amigo lector, ¿qué le parecería a usted estar en peligro por cuenta de tal muchachillo? Cada vez que a Potter se le antoja algo, allá va el Ministro con tal de complacerlo…Él nos pudo salvar de Quién-Ustedes-Solían-Saber pero eso no le da derecho ninguno a ponernos en peligro por cada locura que se le ocurra.
Como ya he narrado en otras ocasiones, Potter en lugar de aprovechar su puesto para librarnos del mal, usa toda la fuerza puesta a su disposición en el Departamento de Aurores para preservar su integridad y la de su familia.
¿hasta cuándo nosotros, los magos y brujas comunes, tendremos que soportar que el Ministro esté a disposición de San Potter? Los convoco a que envíen sus lechuzas reclamando sus derechos a estar a salvo y exijan, por favor, que los Mortífagos permanezcan encerrados en Azkaban.

Dakerov se hallaba explorando los terrenos cercanos al Castillo de Adrimún, de guardia. Se esperaba la respuesta del Ministerio de Magia de Gran Bretaña en cualquier momento y, tan tensa como estaba la situación, era momento de permanecer alertas. Había perdido una apuesta con Lindja el día anterior y esta sería su segunda noche de guardia consecutiva. Cansado por no dormir en 48 horas se sentó un momento a descansar junto a un árbol.
De momento sintió un “crac” seguido de un crujido. Se puso en guardia pero los ojos se le cerraban. Agitó su varita y susurró Lumos. Mala jugada. Su enemigo pudo encontrarlo enseguida por el brillo de su varita.
Diez minutos más tarde, corrió a alertar a sus compañeros del Castillo:
—¡Hay alguien en las cercanías, rápido! —comenzó a vociferar. Los vigilantes desde la entrada acudieron a su llamado.
—Es en las inmediaciones del bosque, sentí varias voces… —les dijo.
—¿Por qué llevas cubierto el rostro? —dijo una de los guardianes.
—¿Qué te importa? ¡Corre, alguien intentará tacarnos! Yo le avisaré ala Primera Secretarialo que está sucediendo.
Los guardias asintieron y corrieron en la dirección indicada. El mago entró corriendo al castillo hasta la sala donde Circe recibía las visitas. Luego fue hasta detrás de la alta silla, como le habían indicado. Allí había un hoyo para introducir su varita, así lo hizo y ante él se abrió una trampilla que dejó ver una escalera.
Con la luz de su varita bajó las oscuras escaleras que conducían hasta las mazmorras, don Harry Potter y sus compañeros estaban encerrados. Todos permanecían amarrados por las extremidades a una especie de marco, y unos espejos en el suelo los iluminaban con la luz plateada de la luna.
Harry sintió cuando la puerta se abrió y Hermione también. Ambos se miraron. Ron estaba medio dormido y Teddy, agotado, tenía los ojos cerrados. Les absorbían la magia.
—¿Qué haces aquí Dakerov? —dijo Harry al ver el uniforme. Circe les había dicho que él estaría de guardia esa noche, por si aun querían unirse a ella voluntariamente.
—Buena inicial, pero mal nombre —dijo el soldado. Luego dijo Nox y se quitó la capucha. Una cabellera rubia pudo distinguir Harry a la luz de la luna. Luego una cara larga y descolorida.
—No pensé que fuera a hacer esto de nuevo, Potter.
—Parece que se está convirtiendo en costumbre. Aunque no lo creas, me alegro de verte, Draco.

jueves, 8 de marzo de 2012

Harry Potter Y La Ruptura del Vinculo Capitulo 8

Capítulo 8
En el castillo de Adrimün
Por Tomas Marvolo 
Ginny había escapado. Después de la difícil batalla contra los carroreños albanos, Harry, Teddy, Ron y Hermione permanecían apresados por unas enormes jaulas mágicas antidesaparición. La que ellos creían hasta el momento era Circe, comenzó a sufrir de una metamorfosis: poco a poco su cabello rubio y lacio se comenzó a rizar y teñir de negro. Además aumentó su estatura y se hicieron más anchas sus espaldas. Los brazos pasaron de ser huesudos y marmóreos a fornidos.
Por un momento fue ridículo ver a aquel hombre vestido de mujer, sin embargo nada tenía que envidiarle a una: sus facciones eran suaves, no muy rudas; sus cejas parecían moldeadas con un pincel, y tenía espesas pestañas que hacían relucir un par de enormes ojos tan azules que lanzaban destellos violáceos al contacto con la luz solar.  El apuesto hombre, hizo un movimiento con su varita y su ropa se transformó en una de aspecto más acorde a su sexo.
—El famoso Harry Potter —dijo por fin. Su voz era profunda —La AMA nos alertó que querías interponerte en nuestros planes y te hemos esperado durante varios días.
—¿Quién eres? —preguntó entonces Hermione
—Me llamo Rilindja, todos me llaman Lindja. Pertenezco al cuerpo de magos al servicio de Circe. Soy uno de los principales oficiales.
—¿Por qué no nos has matado? —preguntó Ron, furioso.
—Porque Circe quiere que asistan a su ascenso…Además, ustedes serán nuestra mercancía.
—¿Mercancía? —preguntó Harry.
—Sí. Pero dejaré que ella misma les explique. Dakerov, Gjul, Nikola, llévenselos.
Los mencionados apuntaron con sus varitas a las jaulas y de ellas salió una especie de cuerda de luz violeta que las levantó del suelo. Ron se lanzó contra los barrotes más de una vez, pero ni siquiera logró que se desequilibraran las prisiones. Hermione, por su parte permanecía serena: de seguro tenía algo en mente. Teddy, al parecer había despertado de la maldición y, con culpabilidad en su rostro, miraba preocupado a Harry. Éste, por su parte, estaba algo triste…¿y si Ginny era capturada sola en el bosque, o era asesinada? Pero no: él tenía la esperanza de que ella los salvara esta vez.
En el pasado, Ginny Weasley y Harry Potter habían estado separados muy a pesar del amor que se tenían. Cuando la lucha contra Lord Voldemort, Harry estuvo cerca de un año apareciendo y desapareciendo en varios lugares, mientras ella resistía los peligros de estar en Hogwarts, controlada por los mayores enemigos de Harry, y por partidarios del mago más tenebroso conocido por la historia. Pero por más de 20 años habían estado muy unidos, incluso tuvieron a sus hijos y a pesar de las distancias que imponían sus respectivos trabajos (ella como jugadora de las Harpies y él como Jefe del Departamento de Aurores) siempre trataban de crear un espacio para ellos.
Y ahora, después de 20 años, parecía que la pesadilla de la distancia comenzaba de nuevo.
Así, por cerca de media hora Harry se dedicó a estudiar a sus captores para intentar ingeniárselas y escapar. Hermione lo miró y señaló con la vista la mano derecha del tal Dakerov. Estaba un poco inmóvil, tenía una pose antinatural. Es decir, que por más que intentara no podría manejar la varita correctamente, la herida estaba reciente, sería fácil derribarlo con la inteligencia suficiente. Por su parte, al que llamaban Gjul, de pelo rojizo y corto sería un oponente difícil, porque era menudo y podría moverse rápidamente. El llamado Nikola era muy parecido al tal Dakerov, parecían hermanos, por tanto saldría en su defensa y serían dos contra uno… ¿y si los separaban?
El problema es que para llevar a cabo cualquier estrategia era necesario usar magia y dentro de aquellas prisiones sus varitas no funcionaban, pero…¿y si solo eran las varitas? Ellas actuaban como una especie de canalizador del poder del mago, la magia residía en él, no solo en la combinación de madera y animal. Muchas veces vio a Dumbledore hacer magia con solo gestos y hasta recordó cuando en quinto año desapareció en frente del Ministro sin usar un hechizo convencional o la Aparición tradicional. Quirrell lo había hecho también —o más bien Voldemort— donde estaba oculta la Piedra Filosofal: una columna de fuego lo había rodeado con el solo chasquido de sus dedos.
Harry intentó concentrarse. Cerró los ojos, recordó cómo Hermione le dijo que se concentrara para lograr los hechizos inverbales y sintió que la varita no era una extensión de su mano, sino que su mano en sí era la varita.
«Accio, piedra» se dijo, pensando en uno de los guijarros del camino. «Accio piedra» se repitió una y otra vez, hasta que la furia lo venció. Parecía una tarea imposible, por eso era que Voldemort deseaba con tanto afán dominarlo. De seguro creía que solo él podría hacer algo tan difícil como aquello.
—Hemos llegado —anunció Lindja. Luego movió su varita delante de su rostro, trazando un arco y dijo: —Éste es el palacio de Adrimün.
Ante Harry apareció de la nada un edificio enorme, negro, muy parecido a una catedral gótica. Era perfectamente simétrico y estaba lleno de arcos y ventanas circulares. A cada lado había un par de torres puntiagudas que se elevaban por encima del castillo por muchos metros, por alrededor de las cuales había buitres volando de manera circular. El final de las torres no se veía: parecían dagas clavadas en el pecho del cielo, y las nubes permanecían quietas ahí.
Hermione miraba boquiabierta majestuosidad del castillo, y Ron sentía que la construcción se lanzaría encima de él en cualquier momento.
El castillo de Adrimün estaba rodeado por altas rejas metálicas que terminaban en forma de saeta. La entrada era tan majestuosa como el resto del emplazamiento y tenía talladuras de símbolos arábigos. Lindja tocó tres de los símbolos en un orden determinado, y luego pronunció un verso en lengua antigua.
Las puertas comenzaron a rechinar y se abrieron lentamente, como movidas por una mano invisible. Dakerov movió su varita, abrió una de sus manos y como atraídas por una fuerza magnética, las varitas de Ron, Hermione y Harry salieron disparadas hacia él,  y las atrapó al vuelo.
—No necesitarán eso ahí dentro —dijo— ¡Incárcera! ¡Incárcera!…— repitió hasta que estuvieran atados los cuatro. Teddy permanecía quieto y en silencio, y Harry estaba seguro de que tramaba algo. Las jaulas se abrieron y pudieron caminar, guiados por Lindja y escoltados por Gjul, Nikola y Dakerov.
A cada lado del sendero por el que iban había estatuas en poses horribles, águilas comiéndose los cuerpos de bebés y magos con cabezas de muggles en sus manos. El castillo no tenía foso, pero había una presencia extraña que hacía neblinoso el camino…Eran Dementores, y se reproducían allí, parecía como si fuera un criadero de esos malvados seres desalmados preparándose para la batalla.
—Harry —dijo Hermione en voz baja— esto es terrible. ¿Qué piensa hacer Circe con estos Dementores? ¿No lo sientes?
—Hasta en los huesos…
Teddy iba detrás de ellos, un poco más alejado, seguido muy de cerca por Gjul. Fue entonces que llegaron hasta la puerta de entrada al castillo en sí.
—Dakerov, Nikola, acompáñenme —dijo Lindja. Ante él había una especie de rueda dentada que debían mover manualmente y era tan grande que aún con los músculos del jefe de los carroñeros albanos no se movería.
Dakerov y Nikola se acercaron y cada cual tomó un diente de la rueda y comenzaron a empujarla. En ese instante sintieron un golpe seco y, al voltearse, Gjul estaba en el suelo y Teddy libre.
—¡¡¡Periculum!!! —gritó y de su varita salió un chorro de luz que se convirtió en brillantes chispas en el cielo. Acto seguido fue barrido por un hechizo triple de los carroñeros que intentaban mover la rueda dentada. Harry intentó ir en su socorro per tan atado como estaba solo logró caer al suelo y retorcerse como un gusano de seda prisionero en el capullo.
—¡Ya basta! ¿Por qué no se enfrentan a nosotros decentemente? —gritó.
—¡Cállate! —dijo Dakerov.
—Cuidado como le hablas, ¿eh? —le dijo Ron— Ya verás cuando esté libre como te daré tu merecido.
Dakerov movió su varita sobre su cabeza y quedó convertida en un látigo que golpeó el rostro de Ron dejándole una profunda herida. Hermione hizo un gesto, como si a ella le hubiera dolido, y se le salieron un par de lágrimas.
—Este se había quedado con una varita extra —exclamó el llamado Nikola acercándose a Teddy. Luego recogió la varita que había a su lado y la guardó en el interior de su túnica.
«Accio piedra, accio piedra» se repetía Harry, pero nada sucedía.
Por fin la puerta del castillo de Adrimün quedó abierta. Harry se incorporó con mucho trabajo y logró caminar detrás de Ron y Hermione. Subieron los escalones y, por fin accedieron al interior del castillo.
Era lúgubre. Una gigantesca lámpara colgante de cristal iluminaba el recinto. Había más estatuas de las horripilantes a cada lado. Una escalera alfombrada en blanco llegaba hasta el segundo piso y lugo se dividía como una serpiente de dos cabezas. Siguieron adentrándose en el castillo y, tras varios pisos llegaron a una especie de elevador mágico que los transportó hasta el final de una de las torres puntiagudas. Cuando se abrió, encontraron un recinto todo de cristal, en forma de círculo. Había vitrales que contaban una antigua historia de muggles cercenados y magos quemados en hogueras que finalizaban con el cuerpo de un mago anciano, de cara malvada. Un haz de luz descendía directamente al centro del salón, iluminando una especie de trono retorcido, que se asemejaba a espinos en forma de mano que sostenían a una muchacha rubia, fría.
—Bienvenido, Harry —dijo esta vez la verdadera Circe— asistirás al inicio de una nueva era.
Luego se volteó y dijo a Lindja:
—Que lo preparen todo. El rito debe comenzar.

lunes, 5 de marzo de 2012

Harry Potter Y La Ruptura Del Vínculo Capitulo 7

Capítulo 7
Lucha hasta el amanecer
Por Fénix Cromanti y Tomas Marvolo

Harry, Ginny, Ron y Hermione vieron aparecer un grupo de magos, que tenían el aspecto de carroñeros.
-Señor Potter, bienvenido a Albania- le dijo una voz desde detrás de los árboles.
Harry se acercó a ver , lentamente. No lo podía creer: era Circe.
-¿Circe?-preguntó confundido.
- La misma.
Harry y sus acompañantes levantaron sus varitas, prestos para luchar. En ese instante un rayo de luz roja iluminó las espaldas de Harry y, al voltearse, vio que Hermione caía. Como en cámara lenta, vio a Ron precipitarse a tomarla entre sus brazos, mientras Ginny gritaba algo que solo unos segundos después comprendió:
—¡¿Qué has hecho, Teddy?!
¿Teddy? ¿Acaso él era el responsable del hechizo que tenía fuera de combate a Hermione? ¿Acaso era Circe tan influyente como para lograr deshacer todo el cariño de su ahijado y convertirlo en uno más de sus aliados?
El mundo iba más rápido de lo que Harry deseaba y, de esa forma, lo golpeó un hechizo que lo lanzó unos metros más allá del lado de su esposa. Con un golpe seco, cayó al suelo y rodó un corto tramo por entre la hojarasca. La luz del día comenzaba  a iluminarlo.
-Hermione!- chillaba Ron desesperado, al tiempo que tomaba la varita de su esposa y comenzaba a batirse con uno de sus enemigos. Ginny, por su parte, solo podía escudarse de los agresivos hechizos que le lanzaba Teddy, por  temor a lastimarlo.
—Expelliarmus, Diffindo, Crucio…— gritaba el muchacho sin respirar, y chorros de colores salían de la punta de su varita en dirección a su madrina. Ginny movía hábilmente la varita de un lado a otro, creando una especie de barrera invisible contra la que golpeaban los hechizos.  Luces rojas ,verdes chispas y llamas de disímiles formas salían de las varitas y se dejaban ver como un espectáculo de fuegos artificiales.
Harry y Circe se hallaban uno frente al otro.
—Tú no puedes tener la edad que me dijiste…Tu magia es de alguien con más experiencia. Además, no tuvimos notificación de actividad mágica de menores en los lugares donde estuviste.
Circe rió como loca.
—¿Sabes algo? A veces la más palpable verdad puede ser un engaño. Realmente quisiera hacerte esas revelaciones, pero no soy la persona indicada, ¿comprendes? Digamos que soy una…ilusión. ¡AVADA KEDAVRA!
Harry vio el chorro de luz verde salir disparado hacia él y solo atinó a pensar en las tres D. Sintiendo un tirón del estómago primero y una compresión muy fuerte en sus pulmones después, volvió a tomar conciencia a unos metros de Circe. Se había desaparecido en el momento exacto que la maldición iba a golpearlo. Eso le dio oportunidad para tomar ventaja. Había algo distinto en Circe, un aire de estar ajena a sí misma…¿se habría vuelto loca?
Harry agitó su varita y el cuerpo de Circe quedó suspendido en el aire. No pudo mantenerlo por mucho tiempo, se sentía débil. Fue solo entonces que atinó a mirarse el brazo. ¡Se había escindido! Una parte de la piel había desaparecido, y brotaba sangre de una profunda cortada. Entre el esfuerzo por la desaparición y la cantidad de sangre que había perdido hasta el momento, el cuerpo de Harry comenzó a fallar.
Primero se le doblaron las piernas, luego su varita cayó al suelo y después, Circe lo encontró. Ella levantó su varita y le apuntó. Cuando Harry pensó que había llegado su final, un caballo plateado se interpuso entre él y su enemiga y la golpeó hasta hacerla caer. Era el patronus de Ginny.
Ron haba derribado a dos de los carroñeros y apuntaba a Hermione:
—Enérvate —le dijo. Nada había sucedido. El hechizo la había golpeado de una distancia muy corta, por lo que sus efectos eran mayores que normalmente.
-Ron llévatelos- gritó Harry
-No te puedo dejar aquí— dijo el pelirrojo, corriendo a ayudar a Ginny con la bruja que estaba teniendo duelo.
-Expeliarmus- grito Ron
-Sectunsempra – dijo la bruja al unísono.
-Protego- gritó Ginny en defensa de su hermano
-Maldita- resongó la hechicera.
Harry, aunque débil, preveía lo que pensaba hacer Circe . Ya en pie, la rubia estaba repuesta del ataque, y el patronus había desaparecido. El auror, después de haberse lanzado un hechizo para que su herida sanara de momento, logró levantarse e interponerse entre su enemiga y su esposa.
 -Que ingenuo –dijo la aterradora voz de la joven- ¿acaso no has comprendido que de nada sirve sacrificarse? Tu estúpida madre lo hizo y ¿dónde está ahora?
- No tienes derecho…Tus padres también murieron. ¿Ni siquiera sientes eso?¿Quién te dijo que habían muerto?
Circe no dijo nada más y levanto su varita. Harry también lo hizo.
-Terminemos esto, que ya amaneció. Avada…
—¡Levicorpus! —dijo Ron desde lejos y el cuerpo de la rubia quedó suspendido en el aire.
Todos los enemigos estaban fuera de combate. Circe atada a una soga invisible y los carroñeros dispersos por un lado y por otro, llenos de magulladuras. Teddy, obviamente bajo el Imperius, había sido atado por Ron.
Circe comenzó a aplaudir.
—Muy bien. ¡Appareil!
Del suelo comenzaron a aparecer una especie de jaulas metálicas como bocas. Ron fue engullido por una, al tiempo que Hermione, comenzando a despertar, era encerrada en otra. Parecían serpientes que estaban escondidas entre la hojarasca y salían de la nada a engullir a sus presas.
Harry y Ginny corrieron, y detrás de ellos iban lanzando sus mordiscos las jaulas encantadas. De pronto Harry cayó y quedó engullido por una, perdiendo el campo visual de lo que hacía Ginny.
Circe cayó al suelo.
—Arresto momentum —dijo suavemente y aterrizó sin recibir una magulladura.
Se volteó para examinar a sus compañeros y Harry observó algo realmente extraño: entre su cabello rubio, había aparecido una porción de pelo negro.
¡Por eso no respondía las preguntas! ¡Por eso no había hecho ningún conjuro de ilusión como el que casi deja a Harry atrapado en Navidad!
—¡Tú no eres Circe! —gritó el Jefe del Departamento de Aurores.
—Por supuesto que no —dijo una bruja con la mitad de las facciones de Circe— ¿No creerías que ella iba a tomar estos hechos de rutina, no?
La bruja comenzó a lanzar hechizos a sus compañeros y uno a uno se fueron poniendo en pie, algo aturdidos aún.
—Dakerov —dijo a uno de pelo rizado— Cuéntalos.
El mago se acercó a las jaulas y los contó.
—Son tres más el muchacho bajo el Imperius.
«¿Tres? ¿Solo tres?» se preguntó Harry.
—La muchacha pelirroja ha escapado —exclamó el carroñero.