Harry Potter

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domingo, 28 de agosto de 2011

Harry Potter y El Sextante De Plata Capitulo 7

 Capítulo 7
Desastre Weasley 
Por EspirituRain y Tomas Marvolo 
—Harry, el mensaje está clarísimo, ahora que logro analizarlo— aseguró Hermione.
Los hombre se pusieron atentos a lo que decía ella:
—Doble ache, doble erre, doble ge…— tomó su varita y trazó en el aire las letras, de manera similar a cuando Tom Riddle escribiera su nombre enla Cámarade los Secretos:
HH RR GG
Luego agitó su varita y las letras se apartaron y aparecieron algunas nuevas:
Helga Hufflepuff       Rowena Ravenclaw      Godric Gryffindor
—Las letras dobles hacen referencia a tres de los fundadores de Hogwarts. Luego Oliver dijo que ellos eran todos sacrílegos, de sangre inmunda, de mezcla aberrante. Solo él pudo conocerlo. Solo él sembró la verdadera doctrina. Sin dudas esta frase se refiere a Salazar Slytherin, él sembró el desprecio hacia las mezclas no puras— Hermione no se sentía a gusto hablando del tema— A los sangre sucia.
»La continuación nos habla acerca de la máscara de Salazar Slytherin.
— ¿Ese chiflado tenía una máscara?— preguntó Ron.
— No creo— respondió Hermione— De ser así Voldemort la hubiera encontrado. Hay algo más aquí, y solo hasta ahora me di cuenta. La máscara como palabra tiene en latín un origen muy peculiar: es la traducción de persona. Por tanto se hace referencia a la persona, lo que identifica a Slytherin: su nombre. Harry, el ángulo del sextante es 19º, el lugar que ocupa la letra S en el alfabeto.
Hermione ajustó el sextante con los datos que acababan de averiguar y Harry se acercó para, una vez más, o al menos eso es lo que él esperaba, ver de nuevo toda una ráfaga de imágenes que seguro que le revelarían otro horrible suceso…
Lo primero que pudo distinguir fue estrellas a lo lejos. La imagen se acercó cada vez más. Harry no sabía mucho de astronomía pero de algo si estaba seguro: aquella era la constelación Géminis. Cuando la tuvo tan cerca que casi la podía tocar, empezaron a vibrar las estrellas, cada vez más fuerte. De la nada, surgió una explosión en medio de la formación galáctica y los astros empezaron a despegar como látigos de fuego. Tras varias piruetas las estrellas formaron el número 94 y volvieron a explotar; las chispas y luces de bengalas que aparecieron formaron una gran oreja, la cual se partió por el centro y salió una calavera  de un verde muy intenso de cuya boca brotaba una serpiente; era semejante a la marca tenebrosa y se acercaba a los ojos de Harry. En ese momento Harry se apartó del sextante asustado y confundido y empezó a murmurar:
 — ¿El número 94, una oreja y una marca tenebrosa?
— El número 94 puede ser una dirección— dijo Hermione.
—¡Sortilegios Weasley! Es el número del local de Sortilegios Weasley en el callejón Diagon— dijo Ron deprisa e inquieto.
—La oreja… entonces… ¿se refiere a George?— dijo Hermione preocupada.
—Está clarísimo— dijo Harry— La constelación de Géminis, los gemelos; la explosión representa el momento en que Fred y George se separaron; yla MarcaTenebrosaes símbolo de muerte…
—Primero Ginny y ahora George. — dijo Ron casi al borde del llanto— Harry, está pasando de nuevo. No sé si sea Lord Voldemort; pero quien quiera que esté detrás de esto la va a pagar bien caro. Por mi familia lo juro.
Como atraída por los susurros, Molly apareció en la habitación secándose las manos con un paño y les preguntó:
— ¿Algo que deba saber?
Ron y Hermione dijeron que no a la vez, mientras Harry tarareaba una canción de las Brujas de Macbeth. Aunque la mayor de las Señoras Weasley se retiró, una expresión de si tuviera veritaserum ustedes no mentirían se dibujó en su rostro.
— Me voy a ver a Ginny al hospital—dijo ella. Se estaban turnando entre Harry, Hermione, Ron, Fleur y ella para cuidarla. Arthur se encargaba de arreglar los asuntos de la casa.
Cuando Molly se fue, Ron de inmediato conjuró uno de los objetos muggles que tenía su padre en el cobertizo como siempre, era una grapadora, y la usaron como Traslador. Aparecieron en medio del Callejón Diagon y todo parecía normal, había mucha gente y las tiendas parecían estar llenas como de costumbre. Los chicos avanzaron hasta la tienda de George y a pocos pasos para llegar, una gran explosión surgió del techo que hizo que el simpático muñeco que se quitaba y volvía a poner un gorro de copa se hiciera pedazos. La gente asustada empezó a desaparecerse de aquel lugar y a irse por los pasadizos secretos, pocos eran los que quedaban allí. El trío entro rápido y poco faltó para que los ojos se le salieran de las órbitas.
Verity, su empleada, estaba atacando violentamente a George, lo manejaba como un juguete haciéndolo chocar contra las paredes y todas las estanterías y montones de cajas. Pronto se dieron cuenta que George no tenía su varita a mano en ese momento.  Era un desorden total: las cajas amontonadas estaban por el suelo y los artículos de broma se habían esparcido por todo el local, incluidos los Detonadores de señuelo que emitían un fuerte sonido e iban impidiendo el paso de los tres, cegándoles con el humo negro que aprecia cuando explotaban.
Cuando se dispersó el humo pudieron acercarse hasta George y Ron no tardó en empezar una lucha con todas sus fuerzas contra Verity a pesar de que sabía que estaba totalmente poseída; Hermione atendió a George aun que parecía que solo tenía una pierna  y una costilla rota y un pequeño rasguño en el brazo derecho. Harry se incorporó a la lucha, pues Verity parecía muy poderosa; pero en ese justo momento aparecieron seis nubes negras en la tienda.
Chicos enmascarados estaban saliendo de la nada por un lado y por el otro. Harry se quedó atónito: por su altura aquellos muchachos debían estar en Hogwarts, no en el Callejón Diagon. La vestimenta que llevaban los hacían lucir como Mortífagos; pero con un toque de modernidad. Sus máscaras eran plateadas, con raros dibujos trazados a relieve.
— ¡Bombarda Máxima!— dijo Verity.
Una gran explosión hizo que Harry saliera disparado de un extremo a otro de la tienda, chocando con cuanto objeto había por allí.
—¡Harry!— gritó Hermione, que protegía el cuerpo de George con el suyo— ¡Tengo que irme de aquí con él!
—Yo te cubro— dijo Harry poniéndose en pie algo aturdido. Su varita estaba cerca. Se lanzó a recogerla; pero alguien le dio una patada. Levantó la vista y encontró uno de los chicos apuntándole. Antes de que pudiera hacer nada, el muchacho cayó, derribado por un hechizo aturdidor.
En la tienda había entrado Angelina Johnson.
— ¿Qué sucede acá?— gritó la mujer.
— Angelina…—atinó a decir George, recuperando la conciencia.
Angelina fue atacada por uno de los muchachos; pero con un movimiento maestro detuvo el impacto.
Ron agitó su varita y cayeron de los estantes varios  objetos. Pociones de la risa, bombas fétidas y otros artículos hicieron que los muchachos se entretuvieran por un momento. Harry tomó su varita y, al voltearse, uno de los vestidos de negro le lanzó un hechizo que lo hizo caer de espaldas.
—Me llevaré a Dolohov— gritó uno de los invasores, y corrió hasta el cuerpo que derribara Angelina. Cuando lo tocó, se desaparecieron.
Quedaban cuatro luchando contra Ron y Angelina. Hermione intentaba concentrarse para salir de allí. Finalmente, con una especie de explosión a su alrededor, logró marcharse sana y salva junto a George.
—FYENDFIRE— gritó uno de los chicos, con voz de mujer.
Una especie de criatura mitológica salió de la punta de su varita. Era un monstruo de fuego que abrió sus enormes fauces y comenzó a derribarlo todo y a devorar con sus llamas cualquier cosa que encontrara en su camino.
Ron hizo un movimiento con su varita y logró detener al animal. Angelina lo empujó, y justo a tiempo, pues un destello rojo pasó silbando cerca de su hombro.
Verity estaba corriendo en dirección a la puerta, cuando Harry le apuntó con su varita y la dejó atada con un par de cadenas plateadas que aparecieron del suelo.
—Finite Aparicio— dijo luego y un rayo de luz naranja fue a las cadenas y recorrió sus eslabones. Verita comenzó a desaparecerse y, justo a la mitad volvió a su posición anterior. Por más que intentó no lograba esfumarse de allí. Harry había hechizado las cadenas.
El hechizo de Ron no pudo de tener por más tiempo la bestia de llamas y salió corriendo, seguido por Angelina.
—¡Vete— gritó él. Angelina asintió y con un destello desapareció. Harry lanzó un potente chorro de agua al animal pero solo se detuvo unos segundos. Se dirigieron a la salida y, en ese instante, Harry recordó a Verity.
—¡¡No podemos dejarla ahí!! Ella es la única que nos dará otra pista.
—Intentaré detener este hechizo, pero sabes que es muy difícil— gritó Ron y se detuvo. Luego tuvo una idea brillante y conjuró un perro plateado: su Patronus. Harry entendió la idea y conjuró un ciervo enorme, imponente, con las astas más largas que nunca.
Ambos animales salieron corriendo en dirección al de fuego y lo embistieron, impidiéndole el paso.
Harry llegó hasta Verity y ella, con una sonrisa cínica le dijo:
—Salazar, Grindewald, Voldemort: ellos sembraron el caos entre los sangre impura, vosotros ciegos de la verdad creéis en una profanación pero es lealtad a lo que algún día cargareis con vuestra culpa. Nuestra era está cerca y tú Harry Potter, tú, serás el responsable de nuestra victoria. El resultado de los dos sucesos anteriores llevarán al cuarto…
En ese instante las cadenas se rompieron y ella desapareció. En un punto de la tienda, un poco más alejado, quedaba aún uno de los invasores. Él había liberado a Verity y ahora saludaba a Harry para desaparecer, tras el revuelo de su capa.
— ¿Necesitas una mano, Potter?
Harry conocía la voz que provenía de al lado de Ron. Bajó las escaleras y, aún sin creerlo, pudo comprobarlo. Draco Malfoy estaba junto a Ron, y había lanzado un hechizo hasta el animal de llamas.
Muchos magos y brujas estaban observando la escena horrorizados, y otros lanzaban hechizos protectores a sus establecimientos.
El hechizo de Draco hizo que la llama se apagara con un sonido agudo, como de grito, y pudo verse el destrozo.
—Estamos a mano— dijo Draco y desapareció, dejando atónito a su enemigo de la niñez: Harry Potter.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Harry Potter y El Sextante de Plata Capitulo 6

Capitulo 6
El Interrogatorio 
Por BatLumos99 
Harry se despertó bruscamente en la silla de la sala de Ginny, después de pasar una noche llena de rostros serpentinos que silbaban y chasqueaban triunfantes. Como esa, llevaba varias noches seguidas, y cada vez que conseguía apartar esas imágenes, otras escenas tomaban su lugar, cada vez más inquietantes y aterradoras.
Se enjugó los ojos, todavía dormido, y le echó un vistazo a Ginny, que parecía que todavía estuviera dormida. Su diagnóstico no arrojó luz sobre su estado casi cercano al coma o sobre su mancha oscura en el cuello. Determinaron que había sido atacada por una maldición tan poderosa como indetectable, y dictaminaron que tendría que quedarse indefinidamente, hecho que supuso un duro golpe tanto para su marido como para su hermano.
Harry no se había separado de ella desde que una enfermera les comunicara que podían visitarla, y parecía que no vivía para otra cosa que observar durante horas el cuerpo vacío de Ginny, absorto en las comisuras  de sus labios o su melena roja como el fuego. Se había desentendido del caso, aquello no le importaba en comparación con lo que había ocurrido en el estadio de quidditch aquel fatídico día, y en las horas de soledad se atormentaba en silencio, acuciado por la idea de que si Ginny no regresaba habría sido por su culpa, por no haber actuado a tiempo, por no haber sospechado de Oliver, de Lee, y del resto de jugadores. Estaba dispuesto a acompañar a su esposa hasta el fin de los días, y de hecho para Harry era así, pues había perdido el contacto con el mundo exterior, y no calculaba el tiempo pasado en esa silla, contemplando la camilla ocupada, pero le daba igual si habían pasado dos días o si el mundo hubiera llegado a su fin. Solo le importaba quedarse con Ginny para cuidarla, aunque en el fondo de su ser una voz le decía que no iba a servir de nada, y Harry se hundía aun más en el abrumador acto que había causado al utilizar el sextante de plata.
Ron y Hermione visitaban a Ginny todo lo que su trabajo y el tiempo que ocupaban en buscar al misterioso nuevo antagonista les permitía, pero Harry les culpaba por no dejar de lado sus obligaciones y acudir en la ayuda de la convaleciente Ginny. En cuanto sus amigos entraban, su cara se tornaba de un aspecto sombrío, y se encerraba en su máscara de preocupación, pero en su interior ardía un odio incomprensible hacia sus amigos, que no se aplacaba con nada.
Los días pasaron, y Harry seguía desconectado del mundo. Pero pronto tuvo que volver a la acción. Ocurrió en un día encapotado y húmedo, típico de Londres por aquellos meses. Harry miraba una araña que se balanceaba en su tela de la esquina de la habitación, que parecía muy concentrada en su trabajo. No se percató de que la puerta se abrió con un gran estruendo, dejando ver a un Ron enojado y a Hermione intentado calmarle.
-¡Esto es increíble! ¡Me quejaré a Kingsley, y por las barbas de Merlín que echaré a esa arpía del Ministerio!- masculló Ron como si estuviera escupiendo una grajea con sabor a moco.
Harry, que no había visto así a su amigo desde que los Chudley Cannons perdieran contra los Tutshill Tornados, abandonó su estado casi inerte de los anteriores días y se interesó por el enfado.
-Ron, ¿qué ha ocurrido?- le preguntó Harry intentando apaciguar su enfado.
- Es esa bruja de Skeeter. Yo dije que la teníamos que enviar a Azkaban, pero nadie me hizo caso- resopló Ron en cuanto tomó asiento al lado de Harry-. Mira lo que ha publicado en El Profeta-.
Harry cogió el ejemplar que Ron le señalaba. La verdad es que las enfermeras le traían el periódico todos los días, pero no se molestó ni siquiera en echarles una ojeada.
En la portada, una maga de España enseñaba sonriente el Trofeo a la Maga del Año. Buscó en el índice, y al llegar al artículo, no le extrañaba el enfado de su amigo:
                                                  Los Asesinatos Vuelven
                                                    ¿Fraude o Broma? 
En los últimos días, se han cometido varios disturbios en lugares como Grimmauld Place, hogar de la ya desaparecida Orden del Fénix, o el estadio de Worcestershire. Todo esto nos lleva a pensar que quizás un mago tenebroso haya resurgido y ocupado el puesto que dejó libre Quien-Ustedes-Saben. Pero puede ser que algún mago quiera hacerse famoso a costa de esto. Según mi aguda observación y algunas de mis fuentes más fiables, Harry Potter tiene que ver con lo ocurrido. Algunos testigos afirman que Potter fue avistado en Grimmauld Place y que él conjuró los cuerpos encontrados allí, y espectadores del partido entre las Holyhead Harpies y Gran Bretaña presenciaron acercarse a los vestuarios un compinche de Potter llamado Weasley e  inducir a los jugadores la maldición Imperio para atacar a los aurores y demás espectadores. Recordemos que Potter fue un personaje de dudosa credibilidad que derrotó al Señor Tenebroso por primera vez, pero que regresó misteriosamente, lo que nos lleva a pensar que tal vez no todo fue como nos lo contaron. Luego acabó por segunda vez con él durante la Batalla de Hogwarts. Pero puede que regrese otra vez, al fin y al cabo todo podría ser un burda farsa mantenida para llevar a Harry Potter a la fama. Según distintos personajes del Ministerio, todo lo ocurrido puede ser una treta trazada por Potter para recuperar la fama que abandonó al convertirse en Auror, donde realizó varios actos incalificables que les detallaré en mi siguiente artículo. ¿Qué opinan ustedes? ¿Un nuevo enemigo o una vieja fama? 
Al llegar al final del artículo, Harry sacó su varita y, apuntando al periódico, conjuro una llama que devoró la tirada en décimas de segundo. El enfado de Harry era tal que si hubiera tenido a Rita Skeeter delante la hubiera convertido en pasto para los basiliscos. Estaba iracundo, y por un momento apartó a Ginny de su cabeza. No podía creérselo, esa bruja se la había jugado otra vez, como las veces que tergiversó su actuación en el Torneo de Los Tres Magos, o cuando tachó su relación con Dumbledore de morbosa y movida por interés mutuo. Se levantó de la silla hecho una furia, y caminó hasta la puerta. Hermione, que ya se había calmado, adivinó las intenciones de Harry, y al ver que agitaba  la varita, le alcanzó antes de que se desapareciera.
-Harry, no vale la pena. Solo quiere conseguir público que lea sus mentiras. Además, seguro que Kingsley no está de acuerdo con ella- repuso Hermione.
Harry recapacitó, y se detuvo ante la puerta. No podía dejar a Ginny, ella le necesitaba. No sabía que hacer, y en su interior un coro de voces le contradecían y le defendían. Solo en el fondo de su ser encontró el espíritu que le situó por el buen camino.
 -Pues entonces  iremos a ver a Kingsley -sentenció Harry.
En cuanto salieron al exterior, el trío buscó un callejón resguardado, y cuando estuvieron a salvo de miradas indiscretas, se desaparecieron. Tras pasar todos los encantamientos de seguridad, llegaron hasta un despacho pulcramente decorado, que desentonaba con la abarrotada mesa llena de fichas e informes. Kingsley estaba paseando por la habitación, visiblemente preocupado. En cuanto la presencia de Harry llegó a oídos del Ministro, giró la cabeza y clavó los ojos en su visitante. Se acercó a él y pudo descubrir unas grandes ojeras de varios días en vela, y se le olvidó el motivo por el que habían venido. El enfado de Harry se esfumó, pensando que aquello era más importante que la arpía de Skeeter.
-Harry, necesitamos tu ayuda. No hemos podido descubrir nada, y la directora McGonagall está preocupada por lo sucedido. Ahora iba a explicarle los hechos, ¿querríais venir conmigo?-propuso Kingsley con un deje de histeria en la voz.
La idea de ir a Hogwarts le producía una enorme alegría a Harry, ya que supondría volver al único lugar al que consideró un hogar, pero también tenía una gran congoja. El mago podría actuar ahí, y no quería que pasara nada malo en su querida escuela, después de que fuera casi destruida por Voldemort. Además, en ese lugar se encontraban sus hijos, estudiando despreocupadamente, y eso le producía un gran desasosiego.
-Está bien-aceptó Harry con un deje de voz. Sus amigos le miraron preocupados, y al ver la expresión de su rostro, supieron sus miedos.
Se cogieron de la mano, y la mano de Ron le condujo a una oscuridad agobiante. Segundos después, Harry abrió los ojos. Se encontraban cerca de la entrada de Hogwarts, por donde entrara en sexto año, guiado por Tonks. La silueta del castillo con sus torres y sus interminables pasillos llenó de alegría a Harry. Por fin volvían al lugar en el que tantas aventuras habían vivido. No pudo apartar la idea de que el cuerpo de Voldemort se encontraba allí, que le infectó la mente de improviso, y su alegría se disipó.
-No recordaba las vistas desde aquí, ¿crees que Rose se alegrará de vernos?- preguntó angustiada Hermione, como si el hecho de que su hija no se emocionara al verlos fuera lo más importante en ese momento.
-No vamos a entrar en el castillo, iremos por un atajo secreto-dijo Kingsley, echando a andar-. Nos lo enseñó Dumbledore. Privilegios de la Orden-, bromeó al ver la expresión curiosa de Harry.
Caminaron hasta la linde del Bosque Prohibido, que le trajo recuerdos al grupo. Allí fue donde conocieron a Aragog, perdieron el coche volador del padre de Ron y donde Harry perdió la Piedra de La Resurrección, aunque había oído que Ted Lupin la había encontrado. Harry se dijo a si mismo que tendría que hablar con él sobre eso.
Llegaron a un claro del bosque, y en el medio había un tronco cortado. Tendría varios años, y a Harry le pareció peligroso, pero Kingsley se acercó a él y murmuró unas palabras. Acto seguido, agitó la varita tres veces. De pronto, un crujido monumental sacudió el claro, y Ron se echó a los brazos de Hermione. Harry no pudo contener la risa, y pensó que era la primera vez que se reía en varios días. Kingsley les apremió a cruzar el pasadizo que había surgido del tronco, algo estrecho para un adulto. Kingsley fue el primero, luego Hermione que todavía tenía a Ron encima, y por último Harry, que se adentró con decisión, dispuesto a lo que fuera.
Después de unos minutos, Harry vislumbró una tenue luz que se colaba por una rendija al final del pasadizo. Con enorme esfuerzo, pudieron abrir la losa que cubría el tramo final. Se encontraron en una de las estanterías del despacho de Dumbledore, y enfrente de ellos estaba Minerva McGonagall, mirándoles con cierto asombro. Hermione recordó que a ella la había visto más recientemente, pero a sus amigos no los veía desde hace casi 19 años, y en ese tiempo la gente cambiaba.
-Señor Potter, Granger, Weasley, ¿que hacen ustedes aquí? Solo me he citado con el señor Ministro-alcanzó a decir la directora.
-Minerva, les he traído para informarte de lo sucedido. Ellos saben mejor que nadie lo que está pasando. Adelante, chicos.
Durante lo que duró el relato, la ex profesora hizo más muecas de asombro que de preocupación. Parecía que admiraba lo sucedido.
-Esto es increíble, no puede ser. Voldemort -para Harry fue la primera vez que le oía decir  aquel nombre- fue destruido. Tiene que ser una broma, algún personaje que quiere asustarnos -dijo McGonagall con la esperanza de que así fuera.
-Me temo que no- repuso Kingsley con voz concisa- Además, hay otra razón por la que hemos venido. Creemos que puede estar implicado un alumno de Hogwarts -confesó el Ministro.
El silencio cayó como una pesada losa de cemento. Un alumno, «¿cómo había llegado a esa conclusión?» parecía preguntarse silenciosamente el grupo. La directora solo miraba de hito en hito al Ministro y al grupo, tan sorprendida como el resto.
-Insinúa que un alumno de Hogwarts ha quebrantado mis normas y ha hecho todo simplemente para asustarnos -dijo McGonagall, repentinamente ofendida por la declaración.
-Podría ser. No es la primera vez que un alumno se sale del camino, y quizás esa podría ser la pista. Necesito que congregues a todos los alumnos que hayan ido al partido entre las Holyhead y Gran Bretaña, y si es posible al profesor Longbottom. Diles a los jefes de casa que les preparen para un interrogatorio- pidió Kingsley con su habitual pasividad. La profesora recuperó la compostura, e invocó a cuatro gatos plateados que llevaron el mensaje a los jefes.
-Estarán en el Comedor dentro de 5 minutos -informó la directora, y dicho eso abandonó el despacho. A Harry le vino a la mente aquella chica que peleó en el estadio. Ahora que lo pensaba, resultaba extraño que pudiera con varios magos más poderosos que ella. En el interior de Harry creció una desconfianza hacia aquella chica, pero la abandonó por la expresión amable que le ayudó en el fragor de la batalla.
El interrogatorio comenzó a la hora acordada. Una veintena de chicos acudieron al comedor, y todos ellos fueron interrogados individualmente. Harry se sintió extenuado, ya que el interrogatorio había durado más de lo que esperaba, y todos aquellos chicos no tenían pinta de crear Horrocruxes ni mucho menos. Hermione era la que más se implicaba, pero Ron y Harry se habían distendido a los 20 minutos. Poco a poco quedaron menos sospechosos, hasta que solo quedaron dos nombres por tachar: Circe y… Edgar Dolohov.
Primero pasó Edgar a petición de Harry. Quería interrogarle primero a él, todavía no quería abandonar sus ideas sobre Circe.
-Nombre- repitió Kingsley casi mecánicamente después de varios interrogatorios.
-Edgar Dolohov. Slytherin-dijo Edgar con suma paciencia, impropio de su edad. Se adelantó a Hermione al decirle su casa. Se veía que había asimilado el método. A Harry le recordó a Dolohov precisamente, pero no por eso iba a prejuzgarle.
-¿Fuiste al partido entre las Holyhead Harpies y Gran Bretaña?-preguntó Ron interesado por la actitud del chico.
-Sí. Me gusta ver otros partidos que no sean entre jugadores de 15 años -dijo Edgar con la misma paciencia que antes. Había algo en aquel chico que no le gustaba a Harry, pero decidió que era porque su pariente fue un mortífago.
-¿Participaste en la pelea que tuvo lugar minutos después del comienzo del partido? -le preguntó Kingsley con renovada dureza.
-No, desgraciadamente. Ese Longbottom nos echó a todos del estadio casi a patadas. Buenos movimientos, por cierto -dijo dirigiéndose a Harry. Le pilló por sorpresa, y su tono de concesión le dio ganas de sacar la varita y aturdirle, pero se controló a tiempo con los nervios a flor de piel.
-¿Tuviste algo que ver en la posesión de los jugadores?-le preguntó Hermione, evidentemente impresionada por la actitud del chico ante Harry.
-No, yo haría algo más sutil, no tan brusco como lo de Wood. Sencillamente, pienso que quien lo hizo no tuvo la elegancia necesaria- repuso el chico mirando al trío.
A cada pregunta que respondía, su odio hacia aquel chico crecía, y cada vez más se parecía al mortífago. Pero supo contenerse durante la sesión.
-Está bien. Puede irse -dijo Kingsley tras unos minutos de interrogatorio.
-Ha sido un placer-dijo Edgar haciendo una reverencia. Se alejó por el pasillo central. Harry le contó a Ron sus sospechas sobre él. Levantó el pulgar dando a entender que compartía su opinión.
La puerta del Comedor se abrió y por ella apareció Circe, con la túnica ondeando por el revuelo. Era guapa, parecía inteligente, de cabello rubio  rostro humilde. Harry sospechó al verla, pero una vez más su expresión jovial le distendió de esas sospechas.
-¿Nombre? -preguntó Kingsley.
-Circe McAdams.
-¿Casa? -preguntó Hermione.
-Ravenclaw -respondió Circe, lo que daba la razón a Harry en cuanto a que era inteligente.
-¿Fuiste al partido entre las Holeyhead Harpies y Gran Bretaña?
-Sí, y confieso que era muy emocionante -repuso Circe.
-¿Tuviste algo que ver en la batalla que sucedió al comienzo?
-Sí, yo venía del baño, me dio permiso el profesor Longbottom-desde la otra punta de la sala, Neville asintió-. Cuando llegué, me encontré con unos magos que querían atacarme. Les derribé, creo que el señor Potter me vio -le sonrió a Harry, que la dio la razón por que su teoría concordaba con lo que había visto.
-¿Tienes constancia de que antes del comienzo de la batalla hubo una alarma de desaparición? -preguntó Kingsley. Esa pregunta era nueva para todos, pero nadie dijo nada.
-No tenía ni idea. Yo no vi a nadie, y mis compañeros tampoco- respondió Circe sorprendida por la revelación.
Varias preguntas más tarde, Circe se marchó, dando por infructuosa la pista de Kingsley. Y éste le comunicó a la directora los resultados. De nuevo en el exterior, el Ministro se desapareció el primero, alegando que tenía trabajo atrasado. El trío se quedó solo contemplando el atardecer. Harry fue el primero en hablar.
-Creo que debería volver al hospital.
 -Por favor, Harry… -le suplicó Hermione. Harry entendió las segundas, y les prometió a sus amigos que no volvería a quedarse colgado en esa silla.
Se desaparecieron minutos más tarde, tras contemplar el atardecer como los amigos de toda la vida que eran.
                                                            ***
Pasaron varios días, y no hubo novedad en el caso. Lo más tranquilizador fue que la mancha de Ginny se fue diluyendo, y los sanadores decían que se recuperaría, pero que el tiempo seguía siendo indefinido. A Harry le valió eso, y se incorporó de nuevo al equipo. Hermione había vuelto a utilizar el sextante, alegando que descubrirían el lugar del próximo ataque.
Ella había apuntado una y otra vez el mensaje de Oliver: lo leía al derecho, al revés… Hacía un alto incluso en su almuerzo para plantear una nueva teoría… Harry y Ron estaban más ocupados cuidando a Ginny, por eso dejaron todo el trabajo a Hermione, quien gustaba de este tipo de acertijos.
Y, en una mañana soleada, en la Madriguera, Hermione saltó de la silla, y cogiendo el sextante, dijo:
-Harry, lo tengo. Descifré la pista de Oliver Wood.

sábado, 20 de agosto de 2011

Harry Potter Y el Sextante de Plata Capitulo 5

Capítulo 5
Apocalipsis en el estadio 
Por Brian Dumbledore y Tomas Marvolo
Sin tener tiempo a hacer nada, Ginny se elevó por los aires cuando intentó acercarse a Wood.
Harry, horrorizado, la vio proyectarse de una altura cercana a los cinco metros. Ginny, inconsciente, se limitaba a caer…
Harry sentía que el mundo se movía en cámara lenta… Ver el cuerpo de Ginny cayendo al vacío lo hacía sentir miserable ¿por qué no actuó a tiempo? Si sabía que algo así pasaría, ¿por qué no hizo nada para evitarlo? No pudo ni siquiera para pestañar, todo ocurrió tan rápido  que no encontró que hacer.
Por suerte a su lado estaba Hermione, quien atinó a decir:
-¡¡¡Arresto Momentum!!!
La caída de Ginny se redujo, su cuerpo se detuvo a centímetros del suelo. Ella estaba totalmente inconsciente y no se movió.
Harry, Ron y Hermione hicieron ademanes de correr a donde el cuerpo de Ginny se encontraba, pero al menos 15 hechizos aturdidores volaron hacia donde estaban. Harry no tenía cabeza para esquivarlos con hechizos protectores, por suerte sus compañeros sí.
-¡¡Protego!!- gritaron Ron y Hermione, y los rayos de luz se estrellaron a su alrededor, sin tocarlos.
 Harry, aturdido, guió sus ojos para encontrar la fuente de la agresión y no pudo dar crédito a lo que veía. Sacó su varita de inmediato y volvió a bloquear más hechizos aturdidores que volaban hacia ellos. Todo parecía salirse de control: los jugadores de ambos equipos se encontraban atacando al trío y a los funcionarios del Ministerio de Magia que se encontraban allí.
Juntos, con sus varitas levantadas, bloqueaban cada hechizo que volvía hacia ellos. Uno a uno se fueron separando y comenzó a librarse duelo entre jugadores y funcionarios, mientras Harry, recuperando su apariencia, decía:
-¡No lastimen a nadie, no debe morir ninguno!
El caos reinaba. Los espectadores marcharon: uno a uno iban desapareciendo con sus hijos mientras más hechizos eran desviados. Harry quería ir hacia la parte del terreno donde se encontraba el cuerpo de Ginny pero estaba siendo atacado por jugadores de Quidditch. Al parecer estaban poseídos por una fuerza oscura que los incitaba a atacar a todo el mundo. Se escuchaban gritos procedentes desde las tribunas, personas llamando a sus familiares, mientras en medio del campo se libraba una batalla.
Harry vio como Neville Longbottom se unía a la lucha,  al tiempo que Ron recuperaba su rostro e intentaba sostener un duelo con Lee Jordan. Mientras lanzaba hechizos aturdidores a diestra y siniestra contra su oponente —un jugador totalmente desconocido para él—, Harry se preguntaba el por qué de estas cosas, no encontraba ninguna explicación para entender la actitud de los jugadores.
Cuando una maldición pasó cerca de Hermione e hizo añicos el baúl donde se encontraban las pelotas de juegos, Harry pensó que debía poner la cabeza en frío y tratar de detener aquella situación. Logró vencer a su oponente y, viendo la vía libre, dio vuelta para ir a donde se encontraba el cuerpo de Ginny, pero un rayo de luz verde pasó a milímetros de su cara. Al buscar la fuente, se sorprendió de ver que Oliver Wood estaba parado justo detrás de él con su varita lista para un duelo.
«No quiero dañarte» pensó, y con un ágil movimiento de varita envió enseguida un hechizo aturdidor que fue a parar a un escudo protector de Wood. Enfurecido, Oliver murmuró algo ininteligible y conjuró una gran serpiente de fuego que salió disparada atacar a Harry.
-Aguamenti- gritó Harry, levantó su varita y  la agitó bruscamente. El gran chorro líquido que de ella salió golpeó la serpiente, y  quedó reducida a humo.
-Incarcera- comenzó a decir Harry,  pero Wood desapareció  antes de que se conjurara el hechizo.
Hermione se batía en duelo con Dana Spektrum, y Ron aún peleaba con Lee. El estadio casi estaba vacío, solo quedaban los jugadores, los funcionarios del Ministerio y alumnos de Hogwarts a los que de seguro Neville había indicado se unieran a la batalla.
Una explosión sacudió el estadio, las paredes volaron en pedazos y los escombros se esparcieron por todas partes. Del desastre apareció Kingsley, secundado por los Aurores.
Harry no dejaba de pensar en Ginny, en ir a rescatar su cuerpo de los escombros. Kingsley había comenzado una lucha sin igual contra cinco oponentes, mientras el resto de los Aurores derribaban algunos jugadores de sus escobas.
Harry atravesó el desastre a duras penas llegó a donde estaba Kingsley. Vio que Ron estaba al lado de Ginny, protegiéndola.
La lucha seguía: rayos de todos colores volaban por los aires, encantamientos de todo tipo se veían en el campo de Quidditch. Se volteó en ese instante, y un extraño corría hacia él, apuntándole con la varita. Antes de que pudiera decir algo, el hombre fue derribado y, detrás de él, quedó una chica.
Tenía cerca de dieciséis años, era rubia, alta, de piel marmólea, cara perfilada y pelo liso. Acababa de demostrar que era una gran combatiente para su corta edad, y Harry comprendió que era una alumna de Hogwarts que había venido a ver el partido con Neville. Le hizo un gesto de agradecimiento, y la chica sonrió. Luego ella comenzó a luchar contra dos oponentes mostrando elegancia y agilidad para los duelos.
Harry no pudo seguir observándola, pues casi fue derribado por un hechizo que interceptara Kingsley. El Ministro había logrado inmovilizar a dos de sus oponentes y aún peleaba con tres. Harry sabía que Kingsley era un gran mago: aún recordaba cómo diecinueve años atrás había peleado contra Voldemort junto a la profesora McGonagall y el profesor Horace Slughorn. Por eso se sintió complacido al  sacar un jugador de combate, mientras Kingsley derribaba a otro oponente quedando solo uno, aturdido en segundos.
En ese momento, se percataron de que Hermione había quedado sola en el duelo con Dana, mientras el cuerpo de esta última estaba inconsciente en el suelo, con sus ojos fuera de órbita. Ron había logrado aturdir a Lee Jordan, y Kingsley conjuró encantamientos de antidesaparición al campo para que nadie lograra escaparse.
Por fin la batalla había sido librada: Neville había desarmado a su oponente y lo ató con unas cuerdas invisibles que él había conjurado. La chica que había ayudado a Harry se hallaba junto a sus dos oponentes, petrificados en el suelo. Entonces él corrió hacia donde estaba el cuerpo de Ginny.
Ron estaba arrodillado a su lado y lucía tan desprotegida, tan indefensa… Agarró la mano de Ginny y se percató que aún tenía pulso: una alegría lo invadió, ¡estaba viva!, Ginny aún seguía con vida. Hermione llegó hasta él
-Enérvate- dijo rápidamente Harry apuntando su varita hacia el pecho de Ginny, pero nada sucedió. No estaba simplemente desmayada.
-Será mejor llevarla a San Mungo Harry, hay que revisarla- comentó Kingsley.  Él había juntado a todos los jugadores hechizados en medio del campo, atados por cuerdas invisibles, y cuando Harry dirigió su vista hacia ellos, vio como lo miraban retraídamente, como desorientados, como si estuvieran poseídos.
-¿Donde está Oliver Wood?- preguntó, con el cuerpo de Ginny sobre sus brazos aún.
-Muerto, Harry, Wood está muerto. Avisaron hace unos momentos al Ministerio, su cuerpo fue hallado en su casa- dijo Kingsley
Todos hicieron un silencio sepulcral, hasta que el Ministro lo rompió:
-¿Qué le sucedió a Ginny, Harry?
-No lo sabemos exactamente. La llevaremos a San Mungo- contestó y rápidamente hizo un movimiento con su varita y una  camilla apareció. Un segundo movimiento, y el cuerpo de Ginny estaba depositado en la camilla.
-Debe llevar a esos estudiantes a Hogwarts lo más pronto posible Neville- se dirigió Kingsley al profesor de Herbología- Explíquele lo sucedido a la profesora McGonagall y dígale que vaya  al Ministerio esta tarde.
El Ministro sacudió su varita y un gran lince plateado salió de ella. Le murmuró algo y el animal salió a toda velocidad hecho un rayo de luz.
Neville fue llamando uno a uno a los estudiantes que había traído y Harry se sintió aliviado al ver que a ninguno de ellos le había pasado algo, salvo de la suciedad con la que ahora llevaba sus túnicas.
Miró a la chica que había combatido y se dio cuenta de cuan hermosa era: parecía veela, sus ojos eran de un color verde penetrante, y sin saber por qué, le recordó la primera vez que vio a Fleur Delacour. Pasaron segundos mientras Harry y la chica se vieron fijamente hasta que  él le dijo:
-Muchas gracias.
-Ha sido un placer. ¿Sabe que conozco a sus hijos?
Harry no lo podía creer. Albus y James le habían escrito algunas lechuzas cada uno contándoles de su amiga Circe.
-¿Tú eres Circe?
La chica asintió. Al ver su belleza de frente, Harry supo por qué parecía que ambos estuvieran enamorados de ella.
-Sé que ustedes son buenos amigos. ¿Eres de Ravenclaw, no?
-Pues sí. Pero Albus fue a parar por error a la mesa de mi Casa en el Gran Comedor, y ahí nos conocimos. Luego me presentó a su hermano. También conocí a Teddy Lupin, estábamos juntos en el club de Encantamientos.
-He visto que tienes un talento natural para ser Auror, ¿no te interesaría?
-Es mi primera opción. He sacado el máximo en todos los T.I.M.O.S. Dice la directora McGonagall que me recuerda mucho a una tal Hermione Granger…
Hermione, que estaba atenta a la conversación sonrió, complacida.
-Estudiantes- dijo Neville- Debemos ir a Hogwarts en este momento.
Mientras el profesor hacía su anuncio,  Kingsley se dirigía hacia el palo de una escoba destruida, le apuntó con su varita y murmuró «Portus»
De la varita salió un resplandor, el palo de la escoba vibró por un segundo y luego quedó inmóvil emitiendo una luz brillante.
-Cojan este Traslador, los llevará a King’s Cross- dijo, entregándoselo a Neville-Tienen un minuto.
 Harry quería conversar con Neville, pero no era el momento. Se saludaron con un gesto cariñoso y Kingsley se dirigió hacia un grupo de Aurores que se encontraban heridos y les dijo algunas palabras. Luego volvió hacia donde estaban ellos y habló:
-Harry ve a llevar a Ginny a San Mungo con Ron y Hermione. Yo me encargaré de esto y más tarde volveré al Ministerio donde me reuniré con McGonagall para explicarle lo sucedido. Los alcanzaré allá.
Harry no esperó más y desapareció junto a Ginny quien se encontraba en la camilla como si estuviera reposando. Le costó algo de trabajo: eran dos personas y un objeto muy grande. Esta vezla Apariciónle escindió un pedazo de ceja.
Segundos después aparecieron a su lado Ron y Hermione
Habían llegado frente a unos grandes almacenes de ladrillo rojo, enormes y anticuados, cuyo letrero rezaba: «Purge y Dowse, S.A.» El edificio tenía un aspecto destartalado y deprimente; en los escaparates sólo había unos cuantos maniquíes viejos con las pelucas torcidas, colocados de pie al azar y vestidos con ropa de diez años atrás, como mínimo. En todas las puertas, cubiertas de polvo, había grandes letreros que decían: «Cerrado por reformas.»
 Harry corrió hacia donde se encontraba un maniquí de una mujer desastrosamente feo y le dijo:
-¡Una emergencia traemos una emergencia!
El maniquí llevó sus ojos hacia donde se encontraba Ginny tendida en la camilla y enseguida se hizo de lado para que estos avanzaran. Harry hizo flotar la camilla y caminó rápidamente por donde se encontraba el muñeco, seguido por los demás. No había ni rastro de aquel lamentable maniquí ni del sitio en que había estado momentos antes. Se encontraron en lo que parecía una abarrotada sala de recepción, donde varias hileras de magos y brujas estaban sentados en desvencijadas sillas de madera.
Varios sanadores corrieron hacia donde Harry había llegado y corrieron a llevarse a Ginny, mientras dejaban a Harry con el corazón agitado.
-¿Que le ocurrió?- preguntó un Medimago al llegar a donde ellos. Harry le contó brevemente lo que le había pasado a Ginny, y el Medimago asintió.
Luego la examinó rápidamente y, al voltearle el cuello, Harry tuvo que contenerse para no dejar escapar un grito de terror.
Agarrando la camilla donde estaba Ginny y arrastrándola por un gran pasillo oscuro, el Medimago corrió.
-¿A dónde la llevan?- preguntó Ron casi a gritos.
-Cuarta Planta, Daños Provocados por Hechizos- respondió el hechicero mientras avanzaba fuera de la vista de ellos.
Harry seguía atónito: el cuello de Ginny tenía una marca horrible. Su piel estaba negra, como quemada  o podrida. Quizás solo fuera su impresión, pero lo que había visto lucía exactamente igual a la mano de Dumbledore, años atrás.

Harry Potter Y El Sextante De Plata Capitulo 3


Capítulo 3
El Sextante de Plata 
Por BatLumos99 y Tomas Marvolo 
Hermione le tendió a Harry el sextante. Era pequeñito, cabía en la palma de la mano. El mensaje estaba colocado en uno de los soportes, a vista de todos: un pequeño trozo de pergamino. Era una señal, que de seguro podía llevarle a esclarecer aquel complicado entramado.
Con sumo cuidado extrajo el trozo de pergamino raído por el tiempo. El escrito se componía de un par de frases de una caligrafía elegante y angulosa. Preparado para lo peor, Harry se dispuso a leer el pergamino:
Harry Potter…tus días han llegado a su fin. Los seres que más amas serán castigados por tus acciones. Potter, de ti depende elegir la senda correcta. Los hechos se revelarán. 12:25
En cuanto terminó de leer la última palabra, el pergamino comenzó a arder. Alarmado, Harry lo dejó caer, y a medida que lo hacia, el fuego consumió el escrito, convertido en un montón de cenizas en el suelo. Ron, al ver la expresión de su amigo, dejo de inspeccionar los cuerpos, y se le acercó. Alev desde más lejos, dijo:
-Ingenioso, ¿eh? De esta manera no se puede averiguar la procedencia del pergamino. Quien lo haya conjurado sabía que lo leerías, chico.
Ron no hizo caso al comentario de Alev y alcanzó a Harry, que miraba estupefacto el montón de cenizas del suelo
-Harry, ¿qué ponía en el mensaje?-le preguntó.
-Era dirigido a mí. Hablaba sobre mi muerte, decía que eligiera la senda correcta…- repuso Harry. No quería hablarles de la amenaza de sus seres queridos, porque sabía que les infundiría temor.
Kingsley, que hasta ahora se había quedado al margen, decidió acercarse al grupo, e intentó que la conversación tocara nuevos terrenos.
-Harry, ¿te suena de algo el sextante?-preguntó Kingsley adoptando una postura profesional
-No. La verdad es que ni lo recuerdo de Astronomía -confesó Harry, que se ganó una mirada llena de reproches de Hermione, recordándole a su amiga y su actitud de antaño. Ahora no lo usaba mucho, ya que sus hijos tenían más de ella que Ron en cuanto a estudios.
-El sextante es un instrumento que permite medir ángulos entre dos objetos tales como dos puntos de una costa o un astro- recitó Hermione, como si esa información fuera esencial en la vida cotidiana.
-Bueno, entonces, ¿por qué no pruebas a utilizarlo? A lo mejor así calmas a Doña Perfecta- bromeó Ron. Hermione, airada, le dio tal pisotón que resonó durante un rato en la sala, y que hizo que Alev levantara la vista de su trabajo.
Harry siguió el consejo de Ron y, con infinita paciencia, se acercó la mira al ojo. Estaba nervioso, pero le venció la curiosidad por descubrir su secreto. En cuanto la fría plata tomó contacto con la piel, una poderosa ráfaga de luz surgió del interior que lo cegó momentáneamente. Fue tan abrumadora e inesperada que desequilibró a Harry, dejando caer el sextante. De pronto, la ráfaga se extendió por el cuerpo de plata del sextante paulatinamente, adoptando un brillo refulgente que lanzaba destellos dorados por doquier. El brillo se mantuvo unos minutos, después comenzó a disminuir, y la candencia de destellos cayó. Al cabo de unos segundos, lo que quedaba de aquella fuente luminosa era una aureola de un fino brillo irisado, que iluminó débilmente al grupo.
Harry se levantó del suelo, todavía sorprendido y cegado por aquel inesperado fulgor. Sus amigos lo miraban de hito en hito, asombrados por lo que Harry había provocado. Mientras, Kingsley se apresuraba a recoger el sextante del suelo con la varita, tenía demasiado temor a que ocurriera algo más de carácter siniestro, y lo depositó en las manos de Harry de nuevo.
-No me preguntes cómo, pero tengo la intuición de que deberías utilizarlo tú. Si lo único que ha pasado ha sido esto, no creo que lo que venga sea peor- repuso el Ministro. Le comprendía, a él también le venían súbitas certezas en determinados momentos, seguramente influenciados por Dumbledore.
Harry no dudó. Esta vez, tras meditarlo unos segundos, se acercó el sextante al ojo. De súbito, se sintió transportado a unos de kilómetros de allí, pero sabía que solo era una sensación pasajera…
Cientos de imágenes empezaron a llenar la mira, de miles de lugares diferentes. Harry intentó ubicar la procedencia de cada una, pero la velocidad a la que pasaban las imágenes fue subiendo, y se perdió entre los paisajes. Solo distinguió claramente tres elementos que permanecieron más tiempo ante él que el resto: una estrella en el cielo, un perro negro y el número 12…
Harry cayó al suelo, empujado por una especie de fuerza destructora salida del sextante. El instrumento de plata le había mostrado íconos, dos de los que hacían referencia a Sirius: el perro negro y el número 12.
Hermione se le acercó preocupada y Ron intentó ayudarlo a poner en pie:
-Harry, ¿qué ha sucedido?
Él tomó aire y explicó a todos la visión que había tenido.
-La estrella brillante que viste, es una referencia a Sirius…El cuerpo celeste más brillante del cielo es Sirio o Sirius… ¿Acaso no atendías a clases de Astronomía?- dijo Hermione molesta por la poca retentiva escolar de su compañero.
Él negó con la cabeza y luego, tras ponerse en pie dijo:
-Ministro, nos retiraremos a mi oficina a analizar este instrumento.
Kingsley asintió, Hermione recogió el sextante, y el trío  se retiró dela Saladela Muerte. Caminaronpor los iluminados pasillos mientras escuchaban al Ministro decir:
-No, Alev, no son mascotas. Tenemos que devolverlos a su vida normal, no utilizarlos como experimentos…
Hermione examinaba el instrumento plateado, intentando descubrir algún secreto, sin éxito. Ron se mostraba algo perturbado, y estaba de mal humor debido a que no había dormido en más de 24 horas. Además, el almuerzo que le había traído su esposa aún no se lo podía comer porque eran las diez de la mañana. Y lo peor: su estómago no dejaría de rugir, puesla Sra Weasleylo sometía a una rigurosa dieta con el fin de que perdiera las libritas que le sobraban. Sí, tras 19 años Ronald Weasley, Hermione Granger y Harry Potter no lucían como los mismos chiquillos que lucharan contra el mago más tenebroso de todos los tiempos.
Ron había desarrollado una graciosa panza de padre de familia. Su mirada seguía siendo jovial y más de una arruga se asomaba en su rostro. Su pelo era tan rojizo como antaño, aunque algún que otro fulgor plateado saltaba a la vista de vez en cuando. Hermione, por su parte, conservaba su graciosa figura y, los años, la habían embellecido. Se veía fuerte, madura; era maternal e inteligente, quisquillosa y excelente ama de casa.
Harry, sin embargo, seguía con su cabello desordenado. Los años parecían no hacer mella en su figura  y se resaltaba el parecido a James de manera más evidente. Iba cada verano al Valle de Godric, a visitar la tumba de sus padres, donde estaba horas hablándoles.
-Hermione- dijo al fin Harry, tras encontrarse dentro de su oficina- ¿Sabes cómo utilizar un sextante?
-Es muy fácil: debes ajustar sus dispositivos y te dará una coordenada. Supongo que si tuviéramos, por ejemplo, un ángulo determinado, se activaría el hechizo que lo hace funcionar. ¿Estás seguro de que no había ninguna indicación numérica en la nota?
-Pues…Había un número…Uno sin importancia- dijo Harry avergonzado de que tal vez su amiga pudiera descubrir que les había ocultado algo- Parecía más bien como la hora en que se hizo la nota…12:25
 -¿12:25? ¿Qué crees que quiera decir?- dijo Ron, bostezando. Luego se sentó en la mesa de Harry y se apoyó contra la tabla, cerrando los ojos. Se veía muy cansado.
-No creo que sea simplemente la hora de confección del mensaje- aseguró Hermione- El sextante trabaja en grados, por ángulos. 12:25 debe hacer referencia a un ángulo…Dividamos 12 entre 25 y quizás obtengamos algo.
Harry, que no eran muy dado al trabajo matemático, intentó mantener a Ron despierto conversando con él, y ambos dejaron que una muy alegre Hermione, al parecer sintiéndose otra vez en sus felices años escolares, hiciera las cuentas.
-¿Qué has sabido de Quidditch?- dijo Ron bostezando ampliamente levantando sus ojos rojos e hinchados.
-No mucho. Ginny ayer se fue a la nueva temporada, El Profeta la envió como reportera al evento. Comienza hoy, con un partido amistoso entre Inglaterra, y las Holyhead Harpies.
-¡Genial! Si no tuviera que trabajar iría a verlo. Hace buen rato no jugamos, y entre el Departamento de Aurores y la tienda de George no me queda mucho tiempo libre.
-¿Tienes turno hoy en la tienda de George?- preguntó Harry, sintiendo compasión por el poco descanso de su amigo.
-Pues en la noche llega un cargamento de escregutos de chocolate- dijo on emocionado- Imagina que la salsa en su interior es tan explosiva como esos repulsivos bichos.
-Pues en la noche llega un cargamento de escregutos de chocolate- dijo on emocionado- Imagina que la salsa en su interior es tan explosiva como esos repulsivos bichos.
En ese instante Hermione hizo una exclamación de triunfo, ajustó el sextante y lo tendió a Harry. Él acercó su ojo a la mira, algo temeroso de lo que pudiera revelarle…
-Debe ser algo más. No ha pasado nada- dijo al fin.
Hermione se quedó pensativa. Sus cálculos no habían resultado. Ron volvió a cerrar los ojos, perezoso, y su estómago rugió.
 -¿Tienes tu reloj, Harry?- dijo Hermione. Él asintió.
-Déjame revisarlo- pidió ella.
Ya con el reloj en la mano, Hermione se puso a manipularlo: le movía las manecillas a su antojo y luego de unos minutos, dijo:
-¡Lo tengo! Ahora lo recordé.
»Cuando estaba en cuarto año de la escuela primaria, aprendimos los ángulos…Un reloj es una circunferencia, por tanto, cada hora señalada tiene 30º de amplitud. Por tanto el ángulo entre las 12 horas y los 25 minutos es 150º, son cinco divisiones iguales.
Emocionada, Hermione movió el sextante hasta los 150º y lo tendió a Harry. Él volvió a acercarse a la mira…y sucedió de nuevo: la ráfaga de imágenes.
 Una snitch dorada se paró aleteante frente a sus ojos, y no pudo evitar el impulso de intentar tomarla. Luego un pájaro negro, horrible; y finalmente le llegó una bandera: la de Gran Bretaña…
En el interior de Harry se despertó un miedo dormido hace ya 19 años, que nunca más había experimentado desde entonces: el miedo por los demás. Pero esta vez pudo soportar la oleada agresiva del sextante…
Mientras la imagen desaparecía, ya había descubierto el secreto: conocía a qué hacía referencia la secuencia y la histeria se apoderó de él, se sentía desfallecer…
No tenía fuerzas para proseguir. La nota tenía razón, y eso le desesperó aun más. “No puede ser, no puede ser” se dijo, pero por experiencia sabía que con solo desearlo no se podía cumplir. La situación se alargó hasta lo incómodo, y Harry tuvo la obligación de contarle a sus amigos lo que había ocurrido. El sextante había perdido todo su brillo, como si enseñarle a Harry las pistas lo hubiera agotado.
-Harry,¿qué ocurre?- preguntó alarmada Hermione.
Harry no pudo mentirle y con una expresión de puro sufrimiento respondió:
-Van a por Ginny.