Capítulo 11
La huidaPor Tomas Marvolo
La reacción de Hermione fue la que salvó esa noche a Ron,
Teddy, Harry y Draco de Circe. Corrió a Harry y le arrebató su varita para
gritar Lumos Solem. De la varita salió un destello cegador que dejó sin
capacidad de visualizar lo que ocurría a todos los presentes en la sala.
Cuando recuperaron su capacidad de visión las dos
versiones de Circe se hallaban una al lado de la otra, forcejeando.
—Apresen a esta impostora —dijo una de ellas.
Sin atreverse a apresar a ninguna de las dos Circe, Lindja,
que miraba azorado la escena, solo atinó a apuntar su varita a Harry.
—¿Qué haces? —gritó una de las rubias— ¡Lo necesito,
estúpido!
—Maten a Potter, lo mantendremos en secreto hasta que nos
den a los Mortífagos —dijo la otra.
Lindja lanzó entonces un hechizo aturdidor a la primera, y
cayó al suelo.
—¡No —gritó Hermione y se lanzó de manera protectora sobre
el cuerpo caído.
—Yo misma lo mataré, en presencia de todos sus aliados —dijo
Circe— pero eso será en la mañana. Ahora estoy agotada. Recojan los cuerpos y
llévenlos de vuelta al calabozo donde estaban.
Lindja, Gjul y Nikola arrancaron a Hermione del cuerpo que
intentaba proteger, pero ella ponía resistencia. Logró zafarse, ahogada en
lágrimas y lanzarse de nuevo a proteger el cuerpo que yacía inconsciente en el
suelo. Ron corrió a apartarla de los otros hechiceros y le propinó un puñetazo
a Gjul que fue respondido con un Desmaius de Nikola. Harry permaneció
tranquilo, sin saber qué hacer.
—Dénme una varita. Yo misma acabaré con esta perra —habló
Circe y extendió su mano hacia Lindja.
—A ver, madame —dijo a Hermione—, hagámoslo de la manera
elegante. Nikola, tiéndele tu varita. Tendremos duelo.
Aún con los ojos llenos de lágrimas, Hermione se incorporó.
Después de algunos pucheros lanzó una mirada a Harry que captó inmediatamente.
Hermione se acercó a Circe y ambas levantaron las varitas. Hicieron una
reverencia y caminaron cada una a su esquina. Luego se voltearon:
—¡¡¡Expelliarmus!!! —gritó Hermione.
—¡¡¡Desmaius!!! —gritó Circe, pero los hechizos no chocaron
en el aire ni golpearon a cada una: salieron en dirección a Lindja, Gjul y
Nikola, que aún pasmados no salían de su asombro.
Lindja y Nikola no poseían varitas, por lo que solo pudieron
intentar parar los hechizos con las palmas de las manos. Nikola, por su parte,
fue golpeado por una ráfaga plateada que salió de la varita de Harry. Fue
entonces que se aclaró todo:
La verdadera Circe había sido derribada. Teddy había
interpretado tan bien su papel que había logrado engañar, incluso, a los más
cercanos seguidores de Circe. Todo ello fue posibilitado por el momento de
ceguera que provocó Hermione, tiempo que aprovechó Teddy para ir al encuentro
de Circe.
En cuanto a ella, cuando lograron voltearse se había hecho
una neblina negra que había salido volando por una de las ventanas.
Draco y Ron permanecían todavía en el suelo.
Hermione se acercó a su esposo, a examinarlo con cuidado.
Harry, por su parte, se ocupaba de Malfoy. Teddy, mientras tanto, había
adquirido su apariencia normal y se hallaba intentando encontrar las varitas de
cada uno.
—¿Qué está pasando? —dijo Hermione, palideciendo.
Ron estaba teniendo movimientos violentos en el suelo, y
grandes gotas de sudor plateado bajaban de su frente.
—Hermione, tengo mucho sueño —dijo entonces Harry. Sentía
que su temperatura empezaba a elevarse y los ojos se le cerraban. El mundo
empezó a darle vueltas, y se sintió como cuando Voldemort penetraba en su
mente.
Un fuerte dolor de cabeza se apoderó también de Teddy, que
estaba en el dormitorio de Circe, frente a un baúl. Llevaba la varita que
Lindja le diera.
—Cistem aperio —dijo, y de la varita salió un débil haz de
luz que no consiguió siquiera mover el baúl—. Cistem aperio —repitió, con más
fuerza.
El baúl se sacudió violentamente y se abrió. Allí estaban
las varitas de su padrino, Ron, Hermione y la propia. Las tomó y las guardó en
el interior de la túnica. Agitó su varita y les colocó un hechizo
desilusionador, para ocultarlas. Entonces sintió que la garganta le apretaba, y
el aire se le hizo irrespirable. Intentó agarrarse de un panel lleno de
maquillajes que adornaba el espejo de la habitación de Circe, pero solo
consiguió halar unos cuantos pomos de polvo que cayeron de sus manos y
explotaron, dejando una nube color piel. Detrás cayó él, con las manos en la
garganta.
Hermione cayó de espaldas, junto a Ron. El pelirrojo seguía
con fuertes convulsiones en el suelo.
Entonces a Harry y sus compañeros comenzaron a zumbarles los
oídos. Más tarde llegó hasta ellos una voz, que parecía salir de sus cabezas.
Primero fue una risa estridente. Luego las palabras:
—Una vez más, he demostrado ser más lista que ustedes
—resonó Circe en sus cabezas— Las cadenas a los que los amarré estaban
envenenadas, además de tener un hechizo especial: absorbe su magia. Solo yo
tengo la facultad de darles un antídoto.
—¡Nunca! —gritó Harry. No temía a la muerte. Sin embargo,
Hermione no respondió igual.
Ron estaba allí tendido, empeorando a cada segundo. Ella
quería ser valiente, pero también quería que Ron viviera. Miró a Harry desde su
posición, y éste comprendió.
Entonces comenzó a pensar: era cierto que Lily había dado su
vida para salvarlo; pero ahora que era padre no solo entendía que un hijo era
primero, sino que los hijos deben, además, estar bajo el cuidado de los padres.
Él no había sido infeliz del todo, pero la ausencia de James
y Lily hizo mella en su vida, hace mella en su vida. Creció sin nadie que lo
quisiera, y una vez que comenzaron a entrar personas que lo amaban en su vida,
fueron desapareciendo: primero Sirius, luego Dumbledore, detrás Dobby.
Podía elegir dos caminos: ser un mártir y no acompañar a sus
hijos, arrebatándose incluso la oportunidad de poder vencer a Circe, o rendirse
momentáneamente y vivir para derrotar a su enemiga.
Flashazos de los amargos momentos que pasó alejado de Ginny,
de cuando nació Albus Severus, de la cara de James cuando le dio su primera
escoba…La expresión dulce de Lily Luna cuando murió Crookshanks, y cómo ella lo
enterró y cultivó violetas sobre su tumba. ¡Hasta los primeros pasos de Teddy
pasaron ante sus ojos, como si estuviera en un pensadero!
Nada de eso podía echar por la borda. Tenía que darse la
oportunidad de ganar la batalla
—Nos rendimos —dijo Harry y no vio nada más.
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